Reflexiones sobre el ecumenismo católico romano

Dr. Adolfo Ham Reyes

Sabemos que la historia del ecumenismo católico romano se divide en dos grandes etapas: antes del Concilio Vaticano II y a partir de él. Suele considerarse la Conferencia Misionera de Edimburgo de 1910 (esencialmente protestante) como el origen del movimiento ecuménico. Sus organizadores no invitaron, a propósito, ni a las Iglesias ortodoxas orientales ni a la Iglesia católica.

Vivir la Palabra y compartirla

Movimiento de los Focolares

Sobre ecumenismo, Palabra Nueva conversa con Luis Fernando Vélez, miembro del Movimiento de los Focolares (u Obra de María) en Cuba y secretario ejecutivo de la Comisión de ecumenismo de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba (COCC).

La diversidad no es conflicto

Yarelis Rico Hernández

La amistad, el diálogo y el trabajo por la paz son premisas que identifican la obra de la Comunidad de San Egidio a nivel internacional. Mediante ellas, sus integrantes viven la fe, expresan anhelos y estilos de labor y pensamiento. Desde el nacimiento mismo de esta comunidad seglar, en la Italia de la década de 1960, más que evidente ha sido el interés de sus miembros por unir a los cristianos de diversas denominaciones por medio de la escucha, el respeto a las diferencias y la búsqueda incesante de lo que une

Obrero católico de la A a la Z

Yarelis Rico Hernández

“Dos eran las formas fundamentales de influencia: las ideas y el cumplimiento del trabajo. Dentro de los ambientes laborales estábamos llamados a ser consecuentes con nuestra fe, ver a los otros como nuestros hermanos y asumir nuestro compromiso moral con el trabajo social por lo que este representa para los demás… Cristo fue obrero, trabajó para sustentarse y para servir a la sociedad”

San José obrero y el magisterio pontificio

Dr. Roberto Méndez Martínez

José, de sangre real, unido en matrimonio a la más grande y santa de las mujeres, considerado el padre del Hijo de Dios, pasó su vida trabajando, y ganó con la fatiga del artesano el necesario sostén para su familia. Es, entonces, cierto que la condición de los más humildes no tiene en sí nada de vergonzoso, y el trabajo del obrero no solo no es deshonroso, sino que, si lleva unida a sí la virtud, puede ser singularmente ennoblecido.

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