Responder al mal con una venganza de amor

Mons. Giorgio Lingua, nuncio apostólico en Cuba

Los pastores no conocían IMO, no sabían cómo enviar un tweet, pero no pueden guardar para ellos mismos el gran descubrimiento. Y entonces salen, y van a anunciar a todo el mundo lo que encontraron: el encuentro con Dios. Cuando encontramos a Dios, cuando Dios entra en nuestra vida, nos volvemos misioneros. No podemos guardar para nosotros mismos el gozo de aquel encuentro.

Beato Sebastián de Aparicio, el Santo de las Carretas

Juan Manuel Galaviz,SSP

La fama de la santidad de fray Sebastián de Aparicio llegó muy pronto al viejo mundo, donde vieron la luz sus primeras biografías. El 17 de mayo de 1789, el Papa Pío VI lo declaró beato. El pueblo creyente ya lo “canonizó”, pues son muchos los que lo invocan como san Sebastián de Aparicio.

¿Qué buscas? LA SOLIDARIDAD (PARTE I)

Paulinos

Las obras de misericordia espirituales son siete: 1) enseñar al que no sabe; 2) dar buen consejo a quien lo necesita; 3) corregir al que yerra; 4) perdonar las injurias; 5) consolar al triste; 6) sufrir con paciencia los defectos del prójimo; 7) rogar a Dios por los vivos y las almas perdidas.
Las obras de misericordia corporales también son siete: 1) visitar y cuidar a los enfermos; 2) dar de comer al hambriento; 3) dar de beber al sediento; 4) dar posada al peregrino; 5) vestir al desnudo; 6) redimir al cautivo; 7) enterrar a los muertos.1

VISITAR A LOS PRESOS, REDIMIR AL CAUTIVO

hermano Jesús Bayo M., FMS

Cervantes, que tuvo experiencia de cautiverio, puso en boca de don Quijote un hermoso pensamiento sobre la capacidad de autodeterminación humana: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciados dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida; y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres”.1

DESDE EL SEMINARIO: Evangelizados para evangelizar

seminarista Junior Delgado Martínez

“Recibe el Evangelio de Cristo, del cual has sido constituido mensajero; convierte en fe viva lo que lees, y lo que has hecho fe viva enséñalo, y cumple aquello que has enseñado”. Hace poco más de un mes, estas palabras del rito de ordenación de diáconos resonaron en los oídos, mentes y corazones de Charles Monegal Ortega, Eduardo Enrique Fonseca Ponce y Alfredo San Juan Guilarte, quienes recibieron dicho orden sagrado por la imposición de manos de nuestro arzobispo Juan García.

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