Homilía del inicio Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos.

Por Padre Ariel Suárez / Fotos Daniel Estévez González


Queridos hermanos y hermanas, amigos todos:

1.- Quiero dar gracias a los responsables y organizadores de este encuentro por permitirme nuevamente compartir la predicación en este querido templo de la Comunidad Presbiteriana. Ya lo hice en el año 2008 en una ocasión similar, pero ahora experimento una emoción singular. Doy las gracias a la pastora Reverenda Liudmila y a su Congregación, que nos acogen con fraterno afecto y nos abren las puertas de su casa y de su corazón. Quiero dar gracias conmovido por tres cosas fundamentalmente. En primer lugar, porque yo desde niño he acudido invariablemente a este templo cada 18 de enero junto a mis padres, y hoy, por primera vez, mi padre nos acompaña desde la morada eterna de Dios. Mi madre está aquí con nosotros. Él católico y ella bautista, me enseñaron a sentir profundamente el ecumenismo y vivirlo. En segundo lugar, porque soy ahora el párroco de la Iglesia de la Caridad que es la Iglesia más cercana físicamente a este templo. Cuando recién asumí esa encomienda, hace tres años, enseguida recibí una invitación del pastor Reverendo Héctor Méndez para felicitarme y conminarme a una celebración. Vine a conmemorar los 20 años de la línea telefónica de ayuda. La primera vez que comí fuera de la parroquia, con apenas dos días de llegado acá, fue con mis hermanos presbiterianos, no con los católicos. Hoy me da gusto ser yo quien dé la bienvenida al barrio a la pastora Reverenda Liudmila y reiterarle lo que en aquella ocasión constatamos con el Reverendo Héctor: “Somos hermanos, siervos de Dios al servicio del Evangelio en este barrio. Si somos fieles y damos testimonio de unidad, nuestro barrio se transformará”. Y en tercer lugar, en noviembre pasado, los Obispos Católicos de Cuba me pidieron el servicio de animación del camino ecuménico a nombre de la Conferencia Episcopal. Sustituyo así al querido Monseñor Alfredo Petit, quien ha ejercido esta labor con tanta entrega por largos años. Así, pues, expreso a nombre de los Obispos Católicos de Cuba, el invariable compromiso con la causa del Ecumenismo de la Iglesia Católica en nuestro país.

2.- Un año más nos convoca el Señor y nos reúne en Su Nombre para implorar el Don de la Unidad para todos los seguidores de Cristo. Lo hacemos conscientes de que, si la división y la separación han venido de nosotros y eso nos avergüenza; la Unidad solo puede venir de Él. En efecto, el Dios Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo se nos ha revelado esencialmente como misterio de Comunión. Él nos ha introducido por el Bautismo en esa Comunión. Y quiere que demos testimonio de esa Comunión con Él y entre nosotros, para que el mundo crea que Jesucristo es el Enviado del Padre a salvar a los hombres. (cfr. Jn 17,21) No es superflúo repetirlo: hemos venido a orar. Y a orar por la unidad de los cristianos.

3.- El texto que los hermanos y hermanas de las Iglesias del Caribe han propuesto al mundo entero para esta ocasión, es precisamente una oración. Y una oración particular, pues es una oración hecha alabanza, cántico. Se trata del maravilloso texto que hemos escuchado en la primera lectura de esta celebración y que corresponde al himno jubiloso que entonaron Moisés y los israelitas, después de haber sido testigos de la hazaña sublime del Paso del Mar Rojo, cuando Dios mostró Su Poder en favor de su pueblo, frente al poderío del faraón que parecía invencible.

4.- Me gustaría proponerles algunas claves de lectura de ese cántico que nos ayuden a vivir este momento de encuentro con el Señor. El Paso del Mar Rojo constituyó el momento fundacional del pueblo de Israel como nación y como pueblo de Dios. Antes de este acontecimiento, Israel era un conjunto de tribus o clanes familiares que percibían con mayor o menor nitidez un origen común. Se reconocían como descendientes de Abraham, Isaac y Jacob. Pero las aguas del mar Rojo lo hacen pueblo, nación. Ahora no tendrán solo un origen común, sino un destino común y una meta común. La Alianza del Monte Sinaí vendría a consumar solemnemente esta compresión. A partir de entonces serán el pueblo de Dios, el pueblo elegido para manifestar en el concierto de las naciones quién es y cómo actúa el Dios Verdadero, el Único, el Santo, el Grande. Contrasta realmente la pequeñez de Israel con la grandeza del Dios Vivo y Uno. Y todavía más, que ese Dios ame tanto a los pequeños.

5.- También nosotros hemos tenido que pasar por las aguas del Bautismo para convertirnos en el nuevo pueblo de Dios entre los hombres, que es la Iglesia. Si en el mar Rojo los israelitas fueron liberados del dominio del Faraón; los cristianos, en las fuentes bautismales hemos sido liberados del dominio del Maligno y hemos reconocido que el Dios Grande y Único, el Santo y el Veraz es sobre todo, el Padre Amoroso que ha enviado a Su Hijo al mundo, para, como hemos visto en el Evangelio que se ha proclamado, dejarse tocar por la miseria de los hombres y sanar, con la fuerza de Su Espíritu y Su Enorme Misericordia, los corazones desgarrados por el mal, y la vida mortecina de aquellos que vagan sin sentido porque no lo han encontrado a Él. San Pablo, que ha vivido tan hondamente la radicalidad de su encuentro con Cristo, en la carta a los Romanos que escuchamos con anterioridad, se hace eco de esta transformación en nosotros cuando dice: “Todos los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no han recibido un espíritu de esclavos, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos que nos permite llamar a Dios Abba, Padre”.

6.- ¡Qué hermoso esta toma de conciencia de todos los que estamos aquí! Somos hijos del mismo Padre por el Bautismo y la fe en Jesucristo, se nos ha dado un espíritu de hijos, somos hermanos. Al mismo tiempo, sabemos con dolor, que no somos hermanos plenamente unidos. Nacidos a la vida divina en el Bautismo, olvidamos durante el camino el origen común, el destino común y la meta común. Lamentablemente, hemos dejado que el poder del Maligno hiciese estragos en nuestras vidas, y en la vida de nuestras comunidades y de la misma Iglesia.

7.- El texto del Éxodo que estamos meditando nos dice que solo Dios puede vencer al enemigo. Los israelitas, en su cántico,  no se atribuyen nada de lo que han visto. El sujeto de la salvación es Dios: “Él arrojó los carros del faraón, ahogó en el mar Rojo sus mejores capitanes. Mi fuerza y mi poder es el Señor: Él fue mi salvación. Fue tu diestra quien lo hizo, Señor, resplandeciente

 

de poder”. También hoy pedimos al Señor que arroje fuera de nuestras comunidades las competitividades insanas, nuestros celos y envidias. Le pedimos que ahogue nuestras pretensiones orgullosas de creer que el mundo se salvará por nuestras capacidades o nuestras estrategias. Y que nos haga buscar humilde y sinceramente solo Su Gloria, Su Voluntad, para que se manifieste su diestra, resplandeciente de poder.

8.- En estas mismas fechas los católicos cubanos recordamos con gratitud los 20 años de la visita de Juan Pablo II a nuestro país. En el marco de aquellos días memorables, el Papa quiso tener un momento ecuménico en la Nunciatura Apostólica al inicio de su última jornada en Cuba, el 25 de enero de 1998. Nos vendría bien releer y meditar el mensaje que entregó a los responsables de las distintas comunidades cristianas y a la comunidad hebrea de Cuba. Pero terminado aquel encuentro, el Papa fue a la Plaza de la Revolución para la Celebración de la Eucaristía. Yo estaba en Roma, por motivos de estudio, pero en la Plaza, junto a tantos, estaba un compañero mío de la Universidad, que había recibido la fe de una abuela metodista y con el cual había tenido largas y a veces, encendidas y polémicas charlas, en los recesos de las clases de Bioquímica en la Facultad de Biología. Días después me mandó una carta que he conservado siempre y de la cual les comparto este fragmento: “Querido Ariel. Hemos vivido unos momentos bendecidos por Dios con la visita de tu jefe el Papa. Tengo que reconocerlo. Ha superado mis expectativas. Fui a la Plaza por curiosidad y por no perderme lo que sabía era un momento histórico para nuestro país. Llegué con los prejuicios que imaginas. Pero cuando comenzó el primer canto y sobre todo, cuando se cantó a la Paz, y vi aquella plaza con un millón de personas abrazándose, cantando y tomados de las manos, pensé: aquí ya no hay católicos, evangélicos ni  ateos. Aquí todos cantamos juntos, todos de las manos, todos hermanos. ¿ No será esto el Cielo del que tanto hablábamos en la facultad?”Desde entonces, aquellos cantos: Una Luz en la oscuridad y Paz en la tierra, se convirtieron en patrimonio común de todos los cantorales e himnarios cristianos de Cuba. ¿Por qué he querido mencionar este particular? Porque dije precedentemente que nuestro texto guía para esta Semana de Oración por la Unidad es un cántico. Y en aquella misa con Juan Pablo II el canto fue experiencia compartida. Solo la experiencia permite superar los prejuicios, y vivir todo de manera nueva.

9.- Cantar es una expresión elevada y singular de la espiritualidad. Es verdad que podemos cantar entre lágrimas, la tristeza puede inspirar también cantos bellos. Pero la presencia de Dios, su acción en nuestras vidas, su paso liberador por nuestra historia y el gozo que ello produce, inspira los más hermosos cantos, aquellos que unen, que permiten que experimentemos, ya en esta tierra, que el Cielo se acerque a nosotros. Eso fue lo que experimentó el pueblo hebreo al pasar el mar Rojo. Oremos y cantemos juntos esta Semana, oremos y cantemos en comunión cada día. Nuestra vida coherente y fiel a Jesucristo es nuestro mejor canto. Y que este canto tenga por estribillo: “Fue tu diestra quien lo hizo, Señor, resplandeciente de poder”. Amén.

Bendicen Centro de Evangelización San Pablo

Daniel Estévez González

El miércoles cuatro de abril, en la Plaza del Santo Ángel, Mons. Juan García, arzobispo de La Habana, bendijo el Centro de Evangelización San Pablo.

Aprender a crecer con amor

Daniel Estévez González

Coincidiendo con su aniversario veinticinco, el programa “Aprendiendo a crecer”, de Cáritas Habana, tuvo a bien celebrar la sexta jornada de apoyo a las personas con discapacidad y sus familias con varias iniciativas, entre ellas el desarrollo de conferencias sobre temáticas relacionadas con el Trastorno del Espectro Autista (TEA).

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