Mención ARTÍCULO-Nueva opción teológico-pastoral o acción misionera mediadora de la Iglesia

Por Elio Vicente Valerino Santiesteba


La evangelización obedece al mandato misionero de Jesús de llevar, para todos los tiempos y lugares, el mensaje de la Buena Nueva y la proclamación del Reino de Dios. Pero en ese ir y venir misionero de la Iglesia, siempre están presentes los escenarios y los desafíos de los tiempos.

Innegablemente, desde la Creación, el hombre ha tenido ansias de la presencia amorosa de Dios. Pero, también es cierto, que vivimos una globalización cultural que ha incidido en que las personas cambien los modos y estilos de vida, es decir, en el orden religioso, asumen de diferentes maneras la forma de vivir la fe. Quizás es una paradoja, pero quienes más viven encerrados en un mundo de incertidumbre ante la pérdida de identidades o de sentido de la vida, al no encontrar soluciones y alternativas a sus problemas, son los que más se alejan de Dios, no lo buscan o simplemente se aferran a un “Dios intrascendente”. Lo que en nuestra infancia era escuchado ocasionalmente, ahora se ha convertido en un slogan: “Yo creo en Dios pero no voy a la Iglesia”. 

Conviene ser realistas. La Iglesia quiere el bien del hombre en todas sus dimensiones como miembro de la ciudad de Dios y como miembro de la ciudad terrena, pero ya no basta acercarnos a los interlocutores sociales y decirles crean en Dios, sin más. Muchos y principalmente la juventud, no quiere escuchar más desde “verdades totalmente absolutas” la forma de profesar su fe. Si vamos a hablar de Dios y de la Iglesia, hay que clarificar en los momentos actuales.

Dios es único, omnipotente, se compromete con sus hijos todos los días a través de una presencia discreta, gratuita y humilde. La Iglesia es la entrega al mandamiento de Jesús de un lugar privilegiado para sentirnos de una manera especial más cerca del Dios Padre, para adorarlo, glorificarlo y bendecirlo. En la Iglesia compartimos la presencia de Cristo entregado en la cruz y ofrecido en comunidad para perdonar nuestros pecados y llevarnos al camino de la salvación, el lugar donde recibimos de él, en virtud del Espíritu Santo, la bendición y la gracia de la comunión y de los sacramentos. No podemos olvidar esa frase agustiniana: “Ama a la Iglesia, que te ha engendrado para la vida eterna”.

Pero volviendo al inicio, a las nuevas formas de vivir la fe. Si esto es así, siendo realistas, esto justifica repensar la acción evangelizadora para que se adapte a la nueva realidad. Este es el pensamiento presente en los discursos y reflexiones del Papa Francisco que nos llama a lo que muchos han denominado como una nueva opción pastoral, que en cuanto a forma, destinatarios preferenciales y contenido retome la verdadera dimensión de la acción misionera de la Iglesia, es decir, continuidad de la misión liberadora y salvífica de Cristo.

Es así como, la Evangelii gaudium, siguiendo el espíritu del Concilio Vaticano II nos presenta una opción pastoral que en torno a nuestra fe en Cristo, hecho pobre y siempre cercano a los pobres, tiene una preferencia por los pueblos pobres, en el entendido de algo más que su condición social, es decir, la forma humilde de profesar su fe, de su desarticulación con los demás, de las injusticias a las que está sometido, en fin, aquellos que como objeto de descarte por la propia sociedad donde viven, se ven obligados a vivir en soledad. Esta es la finalidad de esa nueva opción pastoral. Enseñar a esa gran mayoría que en cualquier sociedad son los pueblos pobres, cada vez más abandonada, marginada y excluida, la alegría en la fe que traslada la evangelización. Es darle cumplimiento a ese mandamiento que dice; “vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos”.

Una vez esto claro, nos hacemos la pregunta; ¿es o no un desafío para la Iglesia? Si lo miramos a la luz de lo tradicional, desde la historicidad de la Iglesia, de sus dogmas,instituciones y rituales cabría concluir que, el exigir un cambio de la mentalidad eclesial es en sí mismo un desafío. Sin lugar a dudas, la nueva opción pastoral exige de la Iglesia, con esa mirada del Buen Pastor, sin perder la esencia de lo sagrado, discernir el camino para más allá de una religión centrada exclusivamente en la liturgia, salir al encuentro de las personas, las comunidades, los barrios, las rancherías y los pueblos y desde ahí, con una hermenéutica evangélica de la cultura en clave profética tomando como referente principal la praxis histórica de la vida de Jesús, leer e interpretar los signos a la luz de los nuevos tiempos.

Si lo cristiano presupone cumplir ese mandamiento supremo del amor a Dios y al prójimo y a la justicia, la nueva dimensión social de la Iglesia está en posicionarse en todos los espacios de la sociedad, para desde la fe, acrecentar el diálogo y la reflexión en favor de esa inmensa mayoría, los pueblos pobres.

En otras palabras, darle el verdadero sentido de Iglesia servidora de la humanidad para los tiempos de hoy, siempre peregrina, que sale como una madre llamando y convocando a todos sus hijos para unirlos en familia.

Y recordemos: Dios no solo llama a sus hijos, sino que también los convoca, y al llamarlos los congrega con otros y al convocarlos lo hace en Cristo para que sea en otro nivel más profundo, de intercomunicación y convivencia humana, Iglesia, Pueblo de Dios, bajo Cristo, Cabeza, en la unidad del Espíritu Santo. En esa unidad del Cuerpo de Cristo, donde el otro es como mi propio “yo”, está la salvación. Según acierta un escritor eclesiástico; “nadie se salva solo, ni como individuo aislado ni por sus propias fuerzas; se salva quien se alimenta del otro y se relaciona con el otro para encontrar de esta manera la trascendencia de lo cotidiano”. Dándose la Iglesia no solo como relación con Dios sino también como interconexión entre los hombres, es desde esos valores cristianos que conforman esa interrelación, que la Iglesia tiene que ver sus problemas. Cristo dejó muy claro que la unidad de los cristianos debería ser semejante a la unidad de Él con el Padre, y del logro de esa unidad dependería que el mundo creyese.

Termino con una reflexión final: en el denominado “cambio epocal”, la misión evangelizadora cobra un significado relevante para llegar a todo el necesitado de la presencia de Dios, y preferencialmente a esa inmensa mayoría de pobres que está en todo el mundo. Esto requerirá salir de la Casa de Dios, nuestra Iglesia, para desde la connaturalidad afectiva y reconociendo el lugar que tiene el ethos cultural propio de cada pueblo de vivir su fe, crear vínculos simbióticos horizontales como sujetos de su propio proceso de humanización. Lo más importante no es la denominación, lo trascendental es que estamos recobrando la acción misionera mediadora de Cristo Jesús de ir al encuentro de las personas desde adentro, en los procesos que viven, en sus necesidades, en sus anhelos, en sus esperanzas para promover con acciones subjetivas y formas objetivas, la liberación integral de los hombres de todo lo que impide su desarrollo como seres humanos.


Acta del XXI Concurso de Periodismo Palabra Nueva, revista de la Arquidiócesis de La Habana

Palabra Nueva

 A los quince días del mes de junio del año 2017, se reunió en el Centro Cultural Padre Félix Varela, en La Habana, el jurado del Concurso Palabra Nueva, en su vigesimoprimera edición, integrado en esta ocasión por el Pbro. Elixander Torres Pérez (presidente), el Sr. Daniel Céspedes Góngora, miembro del Consejo de Redacción de la revista, la Sra. Iyaimi Palomares Mederos, licenciada en Comunicación Social, el Sr. Iván Batista Cadalzo, diseñador gráfico, y el Sr. Mario Vizcaíno Serrat, periodista y colaborador de la revista, quienes acordaron por unanimidad otorgar los siguientes premios y menciones:

PREMIO CRÓNICA-Un viajero, una ciudad, un valle y una ermita

Anabel Candelario Carmona

En Cuba hay iglesias que destacan por sus milagros, como El Rincón, en Santiago de las Vegas; o por su belleza arquitectónica, como la catedral de La Habana; o por resguardar entre sus sagrados muros uno de nuestros tesoros nacionales: la Virgen de la Caridad del Cobre, en Santiago de Cuba; pero hay una que, sin carecer de milagros, belleza arquitectónica y tesoros, destaca por su humildad.

Mención CRÓNICA-Una iglesia mambisa y tres niñas a misa los domingos…

María del Carmen Ruisánchez Regalado

Era la tradición: en las mañanas de domingo, no había nada mejor que hacer que ir a misa; así había sido con mi abuela, así con mi madre y yo no debía ser menos, así con mi hija y… por eso, aunque estuviera cansada, aunque remoloneara, la ropa de ir a la iglesia estaba al lado de mi cama desde temprano… y yo sabía que las normas de disciplina para mi mamá eran invariables, aunque con algunas diferencias.

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