PREMIO CRÓNICA-Un viajero, una ciudad, un valle y una ermita

Por Anabel Candelario Carmona


En Cuba hay iglesias que destacan por sus milagros, como El Rincón, en Santiago de las Vegas; o por su belleza arquitectónica, como la catedral de La Habana; o por resguardar entre sus sagrados muros uno de nuestros tesoros nacionales: la Virgen de la Caridad del Cobre, en Santiago de Cuba; pero hay una que, sin carecer de milagros, belleza arquitectónica y tesoros, destaca por su humildad.

El viajero que llega a la ciudad de Matanzas generalmente no sabe que está siendo resguardado desde muy cerca de las nubes por la Moreneta. El celeste de la Bahía que perennemente enamora la urbe de estilo colonial y moderno, acapara la mayor parte de la atención. Y cuando la pregunta se impone “¿cuál sitio visitar primero?”, aparece un sinnúmero de respuestas: las cuevas de Bellamar, el teatro Sauto, los antiguos bomberos, la variedad de puentes, la Calle del medio con sus comercios, el malecón siempre limpio, para ver de noche cómo todas las luces aparecen reflejadas en el espejo formado por las aguas quietas de la ensenada. Un conjunto demasiado seductor como para que el viajero descubra de inmediato una maravilla más.

No obstante, no pasará mucho tiempo sin que llame su atención qué atractivos reservan las Alturas Simpsom, y le responderán con asombro, como si no creyeran el desconocimiento: “¡La Ermita de Monserrate!”. Querrá saber el viajero de dicho sitio, que le trae remembranzas de España; no, de España no, de Cataluña. Y en el trayecto en ascenso, le cuentan sobre cómo hay un templo que vigila a la vez la ciudad y el Valle del Yumurí, y aunque pequeña, la ermita fue una de las primeras edificaciones de Matanzas y fue cuna de parte de nuestro crisol de tradiciones. Le cuentan también que la construcción concluyó en 1874, gracias a la Sociedad Protectora Catalana de Naturales de Cataluña, Baleares y Descendientes de las Provincias.

Y la voz del interlocutor ansioso por explicar detalles históricos se va perdiendo ante la vista que de a poco pasa de las últimas casas al majestuoso verde. Pero no es un tránsito brusco, sino lento, acompasado, como si la naturaleza siempre hubiera estado allí, entre el avance de la modernidad que, respetuosa, se detiene ante esas alturas.

La ermita se divisa desde la distancia, pequeña, de color amarillo cremoso, con su nimio campanario, y el viajero duda: “¿es esto solamente?”, el deseo de descubrir encamina sus pasos, sus ojos. La construcción sencilla no pretende emular con el binomio paisajístico que se desarrolla varios kilómetros más abajo, y el caminante se siente sobrecogido ante la belleza de la ciudad besada por la bahía, de un lado, y el eterno verde del Valle del Yumurí, del otro.

Cuatro estatuas anuncian la entrada, y una más indica que ha llegado: la Virgen de Monserrate, la Virgen Morena, la Moreneta lo recibe con su pequeño niño Jesús en brazos. Con el rostro oscuro, no se parece a ninguna representación de la Virgen María que el viajero haya visto, la contempla en respetuoso silencio, y advierte que dentro de la iglesia todos susurran, como si alzar el tono de voz fuera un insulto a la tranquilidad que allí se respira. Sosiego, paz y una sensación de levedad inundan al peregrino, quien no reposa. Falta pedir un deseo en lo alto, al tocar la campana puede estar seguro de que se cumplirá, así lo garantizan decenas de diminutos exvotos a los pies de la Virgen catalana. Escalones de madera lo conducen a una terraza limpia de atractivos, donde más allá del campanario, puede verse el paraíso anticipado.

Y desde ese instante, cada vez que el viajero escuche campanadas, recordará el valle, la ciudad y la ermita.

Acta del XXI Concurso de Periodismo Palabra Nueva, revista de la Arquidiócesis de La Habana

Palabra Nueva

 A los quince días del mes de junio del año 2017, se reunió en el Centro Cultural Padre Félix Varela, en La Habana, el jurado del Concurso Palabra Nueva, en su vigesimoprimera edición, integrado en esta ocasión por el Pbro. Elixander Torres Pérez (presidente), el Sr. Daniel Céspedes Góngora, miembro del Consejo de Redacción de la revista, la Sra. Iyaimi Palomares Mederos, licenciada en Comunicación Social, el Sr. Iván Batista Cadalzo, diseñador gráfico, y el Sr. Mario Vizcaíno Serrat, periodista y colaborador de la revista, quienes acordaron por unanimidad otorgar los siguientes premios y menciones:

Mención CRÓNICA-Una iglesia mambisa y tres niñas a misa los domingos…

María del Carmen Ruisánchez Regalado

Era la tradición: en las mañanas de domingo, no había nada mejor que hacer que ir a misa; así había sido con mi abuela, así con mi madre y yo no debía ser menos, así con mi hija y… por eso, aunque estuviera cansada, aunque remoloneara, la ropa de ir a la iglesia estaba al lado de mi cama desde temprano… y yo sabía que las normas de disciplina para mi mamá eran invariables, aunque con algunas diferencias.

PREMIO ARTÍCULO-Enaltecer la virtud

Julio Jesús Cubría Peregrino

La modestia enaltece la virtud. Puede ser de una persona, organización, institución o algún país. Eliminar el egoísmo en nuestra actuación, servir al prójimo sin pedir o exigir nada a cambio requiere de un alto grado de altruismo.

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