SAN FRANCISCO DE PAULA, UNA INSTITUCION CATÓLICA CON MÁS DE TRES SIGLOS DE SERVICIO

Por Roberto Méndez y Daniel Estévez / Fotos Daniel Estévez


Muy pocas de las personas que transitan por la recién restaurada Alameda de Paula, frente al puerto habanero, saben que esta debe su nombre al hospital de mujeres que se levantaba en un extremo de ella, en la esquina de la calle de San Ignacio y Desamparados. Serían todavía menos los que pudieran explicar que este, la más vieja institución de su tipo en Cuba, todavía presta servicio en otra parte de la ciudad, aunque el edificio original haya sido derruido y apenas quede en pie la capilla, convertida hoy en sala de conciertos.

En 1664, el presbítero Nicolás Borges, rector de la Parroquial Mayor de la Habana, hizo testamento. Dejó una parte de sus bienes para la erección de una ermita dedicada a San Francisco de Paula, así como concedió potestad a sus albaceas – el Obispo de Cuba Juan de Sancto Mathia y Sáenz de Mañozca Murillo y el Capitán General de la Isla- para que con los recursos restantes se hicieran otras obras piadosas. Se decidió así fundar, anexo a la ermita, un hospital para mujeres pobres, el primero del país. Se edificó en 1668 y tenía apenas cuatro camas, pero al ser totalmente reedificado en 1735 ya contaba con 12.

La institución progresó con el tiempo. En 1765 contaba ya con cinco salas y el número de camas se elevó a 30 en 1771. A fines de la centuria, gracias a la protección de la esposa del Capitán general, Conde de Santa Clara, se multiplicó su capacidad y se perfeccionó la formación de las llamadas “maestras” o enfermeras que allí trabajaban. Hacia 1824 funcionaba ya allí la primera Academia de Parteras del país. A partir de 1854 las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl comenzaron a servir en el hospital.

Como otros hospitales de España y sus colonias, además de las enfermas, acogía a indigentes, así como a mujeres encerradas por su conducta delictiva o inmoral. Eso explica que Cirilo Villaverde escogiera este lugar en su novela Cecilia Valdés como el sitio donde es recluida Charito Alarcón, la madre de la protagonista y donde su hija, acusada de ser cómplice del asesinato de Leonardo Gamboa, la reencuentra al final de la novela.

Al iniciarse el siglo XX, esta y otras instituciones del país resultaban ya inadecuadas para su finalidad y se dispuso su clausura o traslado a una edificación más moderna.  En 1908, durante la Segunda Intervención Norteamericana, se autorizó la expropiación forzosa del inmueble, que fue comprado por la compañía Havana Central Railroad quien lo empleó como almacén. La parte correspondiente al hospital fue derribada en 1946, pero pudo preservarse la capilla, que desde entonces ha tenido diversas funciones culturales.

Sin embargo, esto no significó la muerte del hospital, que fue reedificado en la zona de Arroyo Apolo en La Víbora, en la confluencia de las calles Mayía Rodríguez y Espadero y abrió sus puertas en 1910, mientras que el templo anexo fue consagrado al año siguiente. A partir de entonces recibió la denominación más moderna de Hogar de ancianas. En la actualidad es, de las 19 instituciones semejantes que existen en el país, la única que no pertenece a una congregación sino directamente al Arzobispado de La Habana.

Desde hace aproximadamente un lustro la institución es regida por la congregación Carmelitas Misioneras (CM) quien dispone solo de cuatro religiosas para atender el Hogar, que tiene 6 salas en funcionamiento donde se acoge a 112 ancianas. Como complemento de esa misión caritativa se atienden unas 60 personas externas, a las que se da alimento y en algunos casos se lavan sus ropas.

Las hermanas se encargan además de la formación del personal civil que trabaja en el Hogar para trasmitirles su carisma de caridad, justicia y exigencia y lograr que su labor se realice siempre con el respeto a la dignidad humana de los allí asistidos.

Poseen en la actualidad una sala de “cuidados subagudos” con cuatro camas, así como una farmacia y un sillón de estomatología. El centro tiene entre su personal especializado un médico fisioterapeuta y una especialista en Geriatría. El Hogar está reconocido por el Ministerio de Salud Pública y a través de él recibe algunas asignaciones de medicamentos.

Lamentablemente este valioso servicio que la Iglesia habanera ofrece a la sociedad de manera subsidiaria, tropieza con un conjunto de limitaciones materiales que se agravan por las complejas circunstancias económicas del país, estas van desde las carencias de algunos medicamentos e instrumental, hasta el serio deterioro de la lavandería que entorpece el servicio a las personas allí acogidas. El principal paliativo para ello son las donaciones que se reciben de personas procedentes de Cuba y otras partes del mundo.

A pesar de todo esto, tanto la administradora Hermana Cecilia, como las demás religiosas y el resto del personal siguen procurando estar presentes allí donde haya un necesitado, por amor a Cristo y a la Iglesia. Por eso mantienen viva esta institución que el próximo año cumplirá 350 años de fundada.

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