IV CLÁSICO MUNDIAL DE BÉISBOL: “LLEGÓ PAPÁ”

Por Nelson de la Rosa Rodríguez

La vencida no fue a la tercera, sino a la cuarta. Estados Unidos “puso orden” y se adjudicó la Corona del Clásico Mundial de Béisbol (CMB) con un equipo que muchos consideraron el menos fuerte de cuantos han representado al país en el certamen iniciado en 2006.


En algún momento tenía que llegar el triunfo. Era difícil asimilar que la mayor potencia beisbolera del mundo, el país que más peloteros produce y que acoge la más fuerte de todas las Ligas no ganara un Campeonato a nivel de selección nacional.

En las tres ediciones anteriores, Estados Unidos decepcionó a los fanáticos y tal panorama puso en juego incluso la continuidad del CMB debido al poco interés generado por la afición. Sin embargo, el 2017 fue diferente.

Jim Leyland, viejo zorro del béisbol, vino de su retiro como manager y dándole la mano a Joe Torre asumió las riendas del equipo y tuvo claro el objetivo: “Tratamos de hacer a Estados Unidos grande otra vez”, y lo consiguió.

Leyland, elegido tres veces “Manager del Año” en las Grandes Ligas y ganador de la Serie Mundial con los Marlins de Liván Hernández en 1997, sobresalió también por su humildad cuando, ya campeones, dijo: “Tuve el honor de dirigir por nuestro país, los coachs tuvieron el honor de instruir por nuestro país y los peloteros tuvieron el honor de jugar por nuestro país, pero la verdad es que esto se trata de los hombres y mujeres que dan servicio militar por nuestro país. Esto es para ellos”.

Si en las dos primeras ediciones Japón exhibió la disciplina y la exactitud extrema para imponerse, y en la tercera República Dominicana demostró la importancia de divertirse dentro del terreno de juego, ahora Estados Unidos dio muestras de profesionalidad y maestría al aplicar los llamados “fundamentos del béisbol”. Creo que fue una clase magistral cada partido, en el trabajo tanto de los jugadores como de la dirección.

Leyland demostró confianza en sus jugadores. Cualquier otro hubiera enviado al banco a Nolan Arenado o a Giancarlo Stanton y no hubiera puesto a Marcus Stroman como abridor el último día, pero él no y al final salió Campeón; y no solo eso, sino que es la primera vez que estrellas estadounidenses de Grandes Ligas se unen en un mismo equipo en una causa común para alcanzar el resultado deseado.

Lejos de lo ocurrido en ediciones anteriores, la selección US 2017 le puso el corazón a cada salida y según el jardinero Chris Yellich: “Todos teníamos una meta en común cuando llegamos y había una sola cosa en nuestras mentes, que era hacer lo que fuera necesario por ganar el Campeonato”.

Ciertamente, algunos apostaban por Japón y su disciplina, otros por República Dominicana y su fiesta en el terreno, y hasta por los “pelirrubios” de Puerto Rico y su tremendo sentido de pertenencia. Sin embargo, todos coinciden en que Estados Unidos se debía un Clásico Mundial.

“Llegó papá”, dijeron muchos al ver su manera de jugar y el Clásico tuvo el Campeón justo.

Cuba

El equipo Cuba volvió a fracasar, realmente pensé que ni podrían pasar de la primera ronda, por lo que la clasificación a la segunda me sorprendió.

No se trata de perder, sino de la imagen dejada y esta dista mucho de la calidad que una vez tuvo el béisbol cubano. No creo, dirigentes deportivos incluidos, que alguien pensara que Cuba llegaría a las semifinales, lo cual hubiera sido un milagro y los milagros no ocurren todos los días.

Básicamente este fue el mismo equipo que participó en la Serie del Caribe y quedó en cuarto lugar, pero indudablemente aquel dejó mejor impresión. Entonces, ¿qué pasó?

Primero, una cosa es la Serie del Caribe y otra el Clásico Mundial. Casi ninguno de los asistentes a la cita de México representó ahora a su país, signo de que su calidad individual está por debajo de los protagonistas actuales.

Cuba llegó con tiempo suficiente para adaptarse al cambio de horario y creo que fue uno de los equipos mejor preparados, pero eso no es suficiente. Ahora las críticas caerán en la dirección, la misma que nos encargamos de alabar con la corona de Granma en la Serie Nacional y lo hecho en la Serie del Caribe: que si debieron quitar antes a Carlos Benítez, que si Cepeda fue mal colocado como tercer bate, que si Céspedes debió dar paso a Víctor mucho antes, o que el líder jonronero de la Serie Nacional Osvaldo Vázquez no tuvo siquiera una vez al bate, que si el pitcheo tuvo la rotación invertida por no abrir el primer día con Lázaro Blanco, el mejor lanzador actualmente en nuestro béisbol, también que faltaron Julio Pablo Martínez y Juan Carlos Torriente, y hasta que se llevó equivocadamente a Raúl González como cátcher de banca para poder subirlo por un jugador de cuadro, desconociendo que únicamente podía causar alta por un cátcher lesionado y evaluado por el Comité Médico del Clásico Mundial, y así todo un rosario de razones…

Muy personalmente creo que podían quitar a los nueve regulares y poner otros nueve, cambiar completo el staff de pitcheo y hasta invertir el orden de los juegos y el resultado hubiera sido el mismo. El nivel de nuestra pelota es insuficiente para estar no en la élite sino en la media de un torneo como el Clásico Mundial.

Nuestros bateadores casi nunca ven un pitcheo como el enfrentado en este tipo de torneo y los lanzadores son altamente predecibles y “defensivos”, es decir que constantemente están “huyendo” la bola para evitar un batazo porque sus envíos son relativamente nobles. Créanme, salvo dos o tres excepciones, el equipo Cuba se integró con lo mejor que tenemos en la Isla y una relación de trece lanzadores parecía un espacio difícil de llenar.

Se habla con fuerza de que para el venidero clásico no se descarta que Cuba presente un equipo “unificado” donde estén algunos de los nuestros que juegan en la MLB y a mí la idea me gusta y mucho, tanto que desde hace años abogo por eso. Ahora bien, eso nos pudiera dar un resultado, incluso pudiéramos ganar el Clásico Mundial, pero sería una experiencia parecida a la del equipo Israel de ahora.

Se podría ganar el Clásico, pero no se resolvería el problema de la pelota en Cuba. Para mí es determinante el trabajo con las categorías de aprendizaje, que se juegue béisbol todas las semanas, que los calendarios sean largos y que el Campeón de Cuba no salga de un torneo feriado con dieciséis equipos, sino de una justa élite donde la calidad esté lo más concentrada posible.

Hoy Alfredo Despaigne marca la diferencia entre los bateadores cubanos, pero también es el único que juega en un nivel alto: la Liga Japonesa; sin olvidar que Roel Santos y Yurisbel Gracial tuvieron una larga temporada en Canadá y también sobresalieron.

Mayor presencia en las Ligas foráneas, una inyección monetaria que garantice el trabajo en la base y una Serie con la calidad concentrada son elementos indispensables para volver al podio en certámenes internacionales y si las Estrellas de la MLB se pueden unir, entonces mucho mejor.

Por cierto, aquí les dejo la lista de los cubanos activos en la presente temporada de Ligas Mayores.

En la Liga Nacional aparecen los antesalistas Adonis García (Atlanta) y Yandy Díaz (Cleveland), los torpederos Adeiny Hechavarría (Marlins) y Aledmis Díaz (Cardinals), los jardineros Yasmani Tomas (Arizona), Yoenis Céspedes (Mets) y Yasiel Puig (Dodgers), así como los lanzadores Armando Rivero (Atlanta), Raisel Iglesias (Cincinnati) y el receptor Yasmani Grandal (Dodgers).

Mientras tanto, en la Liga Americana juegan el tercera base Yuniel Escobar (Angelinos), el torpedero José Iglesias (Detroit), los inicialistas Yulieski Gourriel (Astros), José Abreu (White Sox) y Yonder Alonso (Oakland), los jardineros Jorge Soler (Kansas City), Leonys Martin y Guillermo Heredia (Mariners), el bateador designado Kendry Morales (Toronto) y los lanzadores Aroldis Chapman (Yankees) y Ariel Miranda (Mariners).
Quizás algunos de ellos vuelvan a vestir el uniforme de Cuba en el Clásico Mundial del 2021.

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