El trabajo y los trabajadores

Por Hno. Jesús Bayo Mayor, FMS

1. Introducción

Desde mediados del siglo xix, se ha fomentado, mediante los movimientos sindicales, la protección de los trabajadores y la celebración del Día Internacional de los Trabajadores o Primero de Mayo. A lo largo de este siglo todas las naciones declararon oficialmente la abolición de la esclavitud, pero tuvieron que enfrentar diversas lacras sociales relacionadas con la opresión de los obreros.

Al mismo tiempo que se ponían en práctica las teorías económicas de Adam Smith que originaron el capitalismo y el enriquecimiento de los empresarios, surgían los conflictos provocados por la lucha de clases y el culto al trabajo como alternativa frente al capital. La unidad del proletariado internacional garantizaría la victoria de la clase obrera, según declaraban Marx y Engels en el Manifiesto comunista de 1848. Se difundió el lema marxista: “Proletarios del mundo, uníos”. Se acuñaron las palabras, lemas y nombres compartidos para estimular con rigor la asociación: proletarios, compañeros y camaradas. Con frecuencia se relacionó a los miembros de los partidos políticos de izquierda con los obreros que se asociaban en un mismo sindicato.

La palabra “proletario” se refiere a la prole, es decir, a la numerosa familia de los obreros. El término “compañero” alude a quien comparte el mismo pan que ha sido ganado honradamente con el sudor de la frente y con el esfuerzo de quienes trabajan. Al mismo tiempo, en conexión con los grupos y sindicatos de los obreros, surgió el Partido Comunista formado por “camaradas” que solían ser compañeros del mismo trabajo. Ambas palabras, compañero y camarada, antes de ser empleadas por los sindicatos de obreros y los partidos políticos, fueron utilizadas en el ámbito monástico y religioso para referirse a quienes compartían el mismo alimento (com-panis) y la misma celda, cámara, morada o habitación (cámera). Por otra parte, en la tradición monástica benedictina, el estudio y el trabajo eran sagrados, complementos necesarios de la oración, según reza su lema: “ora et labora” (ora y trabaja).

Compañeros y camaradas, desde el siglo xix, dieron culto al trabajo y pusieron en él sus esperanzas para la transformación de la sociedad. Hicieron frente al capital, al empresario y al dinero para promover a los obreros y valorar su trabajo; pensaron que los proletarios unidos accederían al poder y nacería una nueva era sin burgueses, hasta que la dictadura del proletariado lograse una sociedad sin clases. En efecto, a partir de la revolución industrial, aparecieron nuevas fuerzas sociales; el trabajador recobró su dignidad y fue valorado más justamente. También se exaltó, a veces, el valor del trabajo, la violencia sindical y la lucha de clases. Los siglos xix y xx fueron testigos de muchas vicisitudes históricas en tiempos de paz y de guerra, que dividieron al mundo por el capital o el trabajo, la libertad o la igualdad, el capitalismo y el comunismo, el norte y el sur, el este y el oeste, la OTAN y la NOAL, etcétera.

En el siglo xxi, un nuevo problema social vendrá a complicar el entramado laboral: la cesantía, la falta de trabajo y su inestabilidad, la robotización industrial, la informatización de los servicios, la ecología, la distribución de las riquezas, la globalización, la emigración y el desplazamiento de personas, etcétera.

Nuestra preocupación por el trabajo y por los trabajadores no obedece a una motivación económica, sino que se relaciona con la dignidad humana, pues la persona tiene dos referencias necesarias para poder desarrollarse: la familia y el trabajo. No son las únicas referencias, pero son importantes. De aquí nace la preocupación de la Iglesia por los temas sociales.

2. El trabajo y los trabajadores según la Doctrina Social de la Iglesia

La moral cristiana se centra en la dignidad de la persona humana, la cual está relacionada con su entorno familiar y social, por lo cual se considera que el trabajo es componente fundamental de la antropología cristiana. Son numerosos los documentos del magisterio pontificio que abordan el tema del trabajo, en especial, desde finales del siglo xix. Aquí presentaré una breve síntesis en la que me remito al capítulo sexto del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, promulgado en el año 2004 por el Pontificio Consejo Justicia y Paz a solicitud del Papa san Juan Pablo II.

El trabajo humano tiene para la Iglesia un significado sagrado porque está relacionado con la vida y con la dignidad de la persona; forma parte de su desarrollo personal y es un medio para vivir, para crear y para servir a la familia y a toda la sociedad. Desde la perspectiva bíblica, el ser humano tiene la misión de cultivar y custodiar la tierra. Jesús, el Verbo encarnado, participó de la condición de trabajador y era reconocido en Nazaret como “carpintero”. El trabajo es parte integrante de la condición humana, aunque no es la única razón de la existencia (cf. 2 Ts 3, 6-15). En la tradición eclesial, el trabajo siempre ha sido considerado como “acción humana” que enaltece a la persona, como se hace evidente en las sociedades laicales rurales y urbanas, y en las comunidades monásticas. En la perspectiva cristiana, el trabajo y la actividad humana es fuente de servicio y santificación, inseparable de la oración y contemplación.

Durante el último siglo, el magisterio pontificio ha sido enfático en valorar el trabajo humano en todos sus documentos y mensajes de índole social. La encíclica Rerum novarum (1891) de León XIII es una apasionada defensa de la dignidad de los trabajadores. Todas las encíclicas sociales de los papas que le sucedieron abordaron la realidad de los trabajadores, entre las cuales se destacan las encíclicas Laborem exercens (1981) y Centesimus annus (1991) de Juan Pablo II.

La Doctrina Social de la Iglesia siempre ha presentado el trabajo por encima de los demás factores de producción, en particular, al abordar las relaciones de los trabajadores con el capital. Los trabajadores participan en la gestión y propiedad de las empresas, y deben participar de sus beneficios. La economía está al servicio del ser humano, por lo cual es legítimo el derecho a la propiedad privada, subordinado al destino universal de los bienes. De igual forma sucede con las tecnologías y el conocimiento, que constituyen una forma particular de propiedad, no menos importante que la tierra, el capital y los medios de producción. Otro derecho de los trabajadores es el descanso festivo que facilita la vida familiar, la salud y el culto divino.

El magisterio de la Iglesia sostiene que el trabajo es un derecho y un deber, una necesidad para mantener una familia, para adquirir el derecho a la propiedad y contribuir al bien común de la sociedad. Por tanto, la desocupación es una calamidad social (cf. Compendio…, 287-289). Es función del Estado y la sociedad civil la promoción del derecho al trabajo. Además, el trabajo es el fundamento sobre el que se asienta la vida familiar.

Según la Doctrina…, los derechos de los trabajadores, como todos los demás derechos, se basan en la dignidad de la persona humana y en su naturaleza transcendente. De aquí derivan los siguientes derechos: la justa remuneración, el descanso, la seguridad y salubridad, la salvaguardia de la integridad moral y la propia conciencia, el subsidio frente a la desocupación involuntaria, la pensión y la seguridad social frente a la enfermedad y la vejez, las previsiones vinculadas con la maternidad, la asociación y reunión, la huelga en caso necesario para resolver conflictos (cf. Compendio…, 301).

La justa remuneración es el instrumento más importante en las relaciones laborales como fruto legítimo del trabajo. La remuneración debe permitir al trabajador y su familia una vida digna en el plano material, social, cultural y espiritual, teniendo presente el puesto de trabajo, la productividad de cada uno, las condiciones de la empresa y el bien común (cf. Compendio…, 302). A su vez, los Estados deben velar por las políticas sociales adecuadas y la justa redistribución de la renta para evitar injustas desigualdades.

La Doctrina… reconoce la legitimidad de la huelga cuando constituye un recurso inevitable para obtener un beneficio proporcionado, después de haber agotado otras modalidades para superar los conflictos. La huelga es moralmente inaceptable cuando promueve la violencia u otros objetivos contrarios al bien común (cf. Compendio…, 304).

El magisterio reconoce la importancia de los sindicatos y otras formas de asociación de los trabajadores. Las relaciones en el trabajo han de caracterizarse por la colaboración, la concordia, el desarrollo social y el bien común; el odio y la lucha para eliminar al otro son métodos inaceptables, porque no contribuyen al desarrollo económico ni al progreso de la sociedad, sino a su destrucción. Hoy, los sindicatos han de buscar formas nuevas de solidaridad (cf. Compendio…, 307 y 308).

En la actualidad, el trabajo atraviesa una fase que marca el paso de una economía industrial hacia una economía centrada en los servicios y en la innovación tecnológica. La globalización de la economía, la flexibilidad en el mercado del trabajo, la organización y gestión de los procesos productivos, la variedad y pluralidad de actividades laborales, requieren de una constante reflexión y tutela de los trabajadores para garantizar su dignidad y sus derechos (cf. Compendio…, 310-316).


3. Valoración del trabajo y los trabajadores en Cuba

Podríamos abordar el tema desde diversos ángulos, pero aquí me referiré solo a la dimensión jurídica reflejada en la Constitución y en el Código de Trabajo. Es bien expresivo y elocuente el primer artículo de la Constitución de Cuba, la carta magna de nuestra legislación vigente en la actualidad. En ese artículo se identifica al ciudadano cubano con el trabajador. Ciertamente, se enaltece al trabajador, pero podríamos preguntarnos si las personas que no trabajan (niños, enfermos, jubilados, etc.) han de ser excluidos como ciudadanos con plenos derechos en la República.

La versión original de la Constitución publicada en 1976 decía: “La República de Cuba es un Estado socialista de obreros y campesinos y demás trabajadores manuales e intelectuales”. Aquel texto sufrió ligeras enmiendas y modificaciones de algunos artículos en 1978, en 1992 y en 2002, pero el artículo primero no ha cambiado sustancialmente: “Cuba es un Estado socialista de trabajadores”.

La Constitución también reconoce que el Estado realiza la voluntad del pueblo trabajador y encauza los esfuerzos de la nación en la construcción del socialismo, protege el trabajo creador del pueblo, genera empleo para todos los trabajadores, a cambio de protección, alimento, atención médica, estudio, cultura, deporte, vivienda, etc. (cf. art. 9). En coherencia, el Estado organiza, dirige y controla la actividad económica y los bienes de la nación, así como el comercio exterior (cf. art. 16, 17 y 18). El trabajo en la sociedad socialista es un derecho, un deber y un motivo de honor para cada ciudadano. Se garantiza el trabajo y se elimina el desempleo y el paro estacional (cf. art. 45). Se garantiza descanso y vacaciones al trabajador, pues todo el que trabaja tiene derecho al descanso (cf. art. 46).

Por otra parte, el actual Código de Trabajo (ley 116 promulgada el 17 de junio del 2014) en su artículo primero establece y fundamenta el derecho al trabajo: “El derecho de trabajo en Cuba se sustenta en las relaciones de producción propias de un Estado socialista de trabajadores, que tiene como elemento esencial el trabajo y se aplica de conformidad con los fundamentos políticos, sociales y económicos dispuestos en la Constitución de la República”. El artículo segundo señala los principios fundamentales que rigen el derecho al trabajo: empleo sin discriminación, salario, capacitación, descanso, seguridad social y laboral, asociación, etc.

El Código vigente reconoce que algunos trabajadores del sector estatal pueden ser declarados “disponibles”, y también pueden quedar como trabajadores “interruptos” (art. 53 y 54), los cuales cesarían en un determinado momento propiamente como tales trabajadores o en el ejercicio de algunas de sus funciones durante un lapso. Aunque la mayor parte de los trabajadores cubanos están vinculados a colectivos laborales estatales, se considera la posibilidad del trabajo “por cuenta propia”. También contempla el Código la existencia de trabajadores entre quince y dieciocho años, y de jóvenes graduados que realizan su trabajo como servicio social. Estas figuras jurídicas corroboran la identificación social y legal de los ciudadanos cubanos como trabajadores (art. 64-71), en coherencia con el artículo primero de la Constitución de la República.
A la luz de la Constitución y del Código de Trabajo resulta innegable el carácter que imprimen estas leyes en los ciudadanos cubanos al considerarlos, principalmente, como trabajadores. Ninguno de ellos habla de la cesantía, la falta de trabajo, el paro (realidad contemplada en otros países) y el derecho a huelga (cesación temporal del trabajo como cauce para resolver conflictos entre sindicatos de trabajadores y empleadores). Se contempla un sistema de justicia laboral para la resolución de conflictos que no permite la huelga. Se recomienda y presupone que todos los trabajadores han de estar asociados y pertenecer a un sindicato.

Los vagos sin residencia fija y los individuos que no trabajan pueden ser sancionados o penalizados por la ley, ya que no estarían vinculados a un colectivo de trabajadores en actividades productivas, lo cual es coherente con la Constitución y con el ideal revolucionario que demanda de todo buen cubano ser un trabajador útil a la revolución y dedicado a la construcción de la sociedad comunista; esto explica también la escasez de días feriados en el calendario laboral cubano (nueve días), en comparación con otros países (cf. Código de Trabajo, art. 94).
Podríamos señalar otros indicadores de la importancia que reviste el trabajo en Cuba y la sindicalización de los trabajadores, que guía la planificación en la producción, la orientación vocacional para estudiar, la distribución de actividades laborales por rubros y territorios, la asociación sindical de los trabajadores agrupados en la única Central de Trabajadores de Cuba. Prácticamente, la totalidad de los trabajadores estatales y no estatales tienen afiliación sindical y pagan sus cuotas, un indicador de su importancia.

Además, la mayoría de los trabajadores sindica-lizados (99,7 %), dan un aporte voluntario para la defensa de la patria (MTT), según informaciones oficiales (cf. Granma, martes 21 de febrero de 2017, n. 43, página 1), lo que indica cierto nexo entre ser trabajador y soldado. Otro ejemplo elocuente sería el trabajo voluntario no remunerado promovido por la Constitución: “Se reconoce el trabajo voluntario, no remunerado, realizado en beneficio de toda la sociedad […] como formador de la conciencia comunista de nuestro pueblo” (Constitución, art. 45).

4. Descanso y celebración del Día Internacional de los Trabajadores en Cuba

Al trabajador se le garantiza un día semanal (24 horas) para el descanso, aunque hay colectivos que disfrutan de dos días. No obstante, algunos trabajan los sábados y otros hacen guardias durante el día o la noche en sus lugares de trabajo como exigencia laboral. Se garantiza el descanso después de una jornada laboral de ocho horas, un día para el descanso semanal y 30 días de vacaciones anuales (cf. Código de Trabajo, art. 46). Hay cuatro días de conmemoración nacional (1ero. de enero, 1ero. de mayo, 26 de julio y 10 de octubre) y cinco días feriados (2 de enero, 25 y 27 de julio, 25 y 31 de diciembre). En total son nueve días festivos a nivel nacional (cf. art. 94).

La celebración laboral más importante para los trabajadores cubanos es el Día Internacional de los Trabajadores. La conmemoración y los festejos del Primero de Mayo en Cuba indican la importancia de constituirse como un Estado de trabajadores. Todas las instituciones más significativas y las fuerzas productivas del país desfilan ese día. Se hace presente en las calles un pueblo de trabajadores. Desfilan los obreros, los militares, los estudiantes, los médicos, los maestros, los artistas, entre otros. Presiden el desfile los líderes del sindicato, junto a los jefes del Partido, de las Fuerzas Armadas, del Gobierno, etc.

Es interesante observar el talante festivo y nada reivindicativo que predomina en estas manifestaciones de carácter nacional en las que están presentes trabajadores y empresarios, el pueblo y sus gobernantes, las fuerzas civiles y las militares. Sin duda, las tres festividades más señaladas y solemnes que dan identidad a la actual sociedad cubana son: el primero de enero (Aniversario de la Revolución), el primero de mayo (Día Internacional de los Trabajadores) y el 26 de julio (Día de la Rebeldía Nacional).

Ahora bien, quienes hemos participado en la marcha del primero de mayo en la Plaza de la Revolución sabemos que no es una marcha improvisada e informal, sino un desfile. Un desfile bien organizado en el que está representada toda la sociedad: ciudadanos, trabajadores y empresarios, camaradas militantes, soldados, niños y estudiantes. Es un desfile revolucionario y patriótico (patria) en el que se identifican ciudadanos (sociedad) y trabajadores (sindicatos); camaradas (partido) y estudiantes (educación), civiles y militares. Una curiosa correspondencia en la que los trabajadores se intercambian y adecuan para cumplir tareas plurivalentes junto a diversos estamentos sociales a los que se equiparan.

5. Algunos hechos preocupantes en una sociedad de trabajadores

Podríamos deducir que las leyes reflejan el sistema de gobierno de un pueblo, y que las asambleas legislativas representan el sentir de la gente. Además, los líderes sindicales expresan el pensamiento de los trabajadores, y garantizan la armonía laboral entre los trabajadores y los empresarios.

Según los principios y leyes vigentes en Cuba señalados más arriba, en nuestra sociedad de trabajadores no deberían existir problemas laborales: todos tienen garantizado un trabajo con su correspondiente salario, no hay cesantía ni paro laboral, no hay necesidad de huelgas ni reivindicaciones laborales. Se cumple con el descanso laboral y se celebra festivamente el Día Internacional de los Trabajadores.

Sin embargo, podemos observar algunas contradicciones preocupantes en esta sociedad de trabajadores que no concuerdan con el ideal. Todos conocemos escenas de la vida real que pueden cuestionar o desmentir el ideal jurídico de un pueblo trabajador.

Para no abundar en detalles y hechos del cotidiano vivir, solamente enumero a continuación algunas realidades de nuestra sociedad cubana que me parecen preocupantes y que se pueden apreciar, a simple vista, por un observador común:
personas errantes por las calles sin ocupación ni trabajo fijo;
jóvenes que no trabajan ni estudian y que viven a costas de los familiares o amigos;
personas que trabajan por su cuenta pero sin licencia de obreros ni de empresarios;
trabajadores ilegales porque están fuera de su residencia o no tienen licencia;
trabajadores “disponibles” e “interruptos” que buscan trabajo estable pero no lo encuentran;
personas que figuran como “cesantes” en otro país, pero son empresarios en Cuba;
jubilados que siguen trabajando porque no pueden vivir de su jubilación;
trabajadores contratados por el Estado pero que trabajan al servicio de las empresas extranjeras;
trabajadores cuentapropistas al servicio del turismo o subcontratados por empresas mixtas;
personas que arriendan viviendas para negocios ilícitos;
trabajadores que satisfacen las exigencias de su vida y su familia “resolviendo”, porque el salario que reciben por su trabajo no les permite vivir dignamente;
personas que emigran para trabajar en otros países porque no tienen expectativas en Cuba;
trabajadores cubanos que realizan misiones laborales internacionales en otros países;
trabajadores y estudiantes extranjeros que realizan sus actividades en Cuba.
Sin duda, estas realidades y otras que no reseñamos son preocupantes y habría que analizar las causas y consecuencias, así como su incidencia en la calidad de vida en todos los trabajadores y ciudadanos.

6. Estadística de actividades laborales y de los trabajadores que las desempeñan

Según el Anuario Estadístico de Cuba 2014, publicado por la ONEI (La Habana, 2015), la población en edad laboral del año 2014 es de 7 097 200 personas, de las cuales 5 105 500 están activas (1 908 100 mujeres y 3 197 400 hombres) con una tasa de actividad económica del 71,9 %. El resto de las personas en edad laboral están inactivas (1 991 700 personas, el 28,1 % de la población) pero no se indica si tienen alguna ocupación no remunerada ni se expresa el motivo de su inactividad.

Del total de población activa (5 105 500 personas), hay 4 969 800 personas que están ocupadas (1 848 900 mujeres y 3 120 900 hombres), con una tasa de ocupación del 97,3 %; mientras que están desocupadas 135 700 personas (59 200 mujeres y 76 500 hombres) con tasa de desocupación del 2,7 %. Sin duda, una de las tasas de cesantía más bajas en el mundo.

Del total de personas ocupadas (4 969 800 personas), 231 500 personas trabajan en cooperativas agropecuarias, 5 500 son cooperativistas no agropecuarios, 1 147 000 trabajan en sector privado y 483 400 son trabajadores por cuenta propia. En total serían 1 867 400 personas no empleadas directamente por el Estado. Se deduce, aunque el Anuario no lo informa, que el resto son empleadas estatales, es decir: 3 102 400 personas (4 969 800 – 1 867 400). Las principales actividades en las que se ocupan los trabajadores cubanos son:

En el rubro de servicios comunales, sociales y personales, no se especifican los que se incluyen (salud, educación, pompas fúnebres, servicios religiosos, limpieza, etc.). Tampoco podemos saber si el personal de las FAR y del MININT está incluido aquí o dónde estaría considerado.

En el Anuario no se informa de las actividades realizadas por los trabajadores estatales declarados como “disponibles” e “interruptos”, ni de las actividades que realizan los “trabajadores por cuenta propia”, ni de las personas que trabajan en las empresas mixtas, ni de los trabajadores extranjeros inmigrantes que hay en Cuba y del trabajo que ellos realizan.

No obstante, es evidente que la mayor parte de la población laboral de Cuba está empleada en realizar diversos servicios (40,52 %), y que si añadimos los servicios de hotelería, comercio y turismo, asciende al 55,72 %. También queda claro que las actividades productivas de la industria, la agricultura, la pesca, la ganadería, la minería y la construcción son bajas (29 %). Se calcula que el número de cuentapropistas asciende al medio millón, ocupados muchos de ellos en servicios turísticos, gastronómicos y de transporte.

7. La remuneración por el trabajo realizado

Según la Constitución y el Código de Trabajo de Cuba, todo trabajo ha de ser remunerado conforme a su calidad y cantidad… También se reconoce el trabajo voluntario no remunerado, realizado en beneficio de toda la sociedad (cf. Constitución, art. 45).

La Organización Internacional del Trabajo considera que los sueldos y salarios de los trabajadores han de ser suficientes para vivir dignamente. Es decir, las remuneraciones por el trabajo deben permitir al trabajador y a su familia cubrir sus necesidades básicas de alimentación, vestido y vivienda, cultura, educación, ocio y salud. Lo mismo hay que decir de las jubilaciones: deben permitir vivir dignamente a los jubilados que trabajaron largos años en favor de la sociedad.

El monto de las remuneraciones para saber si permite al trabajador llevar una vida digna dependerá de varios factores: el salario percibido, el poder adquisitivo, el costo de la vida, la forma de administrar los recursos familiares, etc. No obstante, puesto que uno de los parámetros es el monto del salario, daremos a continuación la información sobre los salarios oficiales en Cuba, según estadísticas del 2014.

Desconozco la tabla de salarios y sueldos oficiales para 2017 en las diferentes actividades laborales. Según el Anuario Estadístico de Cuba 2014, publicado por la ONEI, el salario medio mensual en las entidades estatales y mixtas por clase de actividad económica durante el año 2014 (en MN) fue el siguiente:

El lector podrá deducir, a partir de su experiencia, si pueden los trabajadores vivir dignamente y cubrir sus necesidades básicas con los sueldos recibidos. Al menos, hemos de considerar la satisfacción de las necesidades básicas de alimentación, vestido y vivienda. Personalmente, pienso que con estos sueldos, aunque se hayan reajustado para el presente año, es muy difícil cubrir las necesidades de una familia.

Según la Doctrina Social de la Iglesia, el trabajo humano es fuente de progreso y felicidad, garantiza la dignidad, la igualdad y la libertad cuando se vive en fraternidad, lo cual supone reconocernos como hijos de un mismo Padre. La virtud de la laboriosidad genera un potencial magnífico para la realización de la persona y el progreso de la sociedad. El trabajo, combinado con el descanso, nos permite servir y amar, es cauce seguro para alcanzar la felicidad.

La Iglesia se ha preocupado siempre de esta realidad que afecta el desarrollo del ser humano, de su familia y de la sociedad entera. Hacemos nuestra esta preocupación eclesial; deseamos el bienestar personal, progreso familiar y la justicia social para todos los trabajadores de Cuba.

Obrero católico de la A a la Z

Yarelis Rico Hernández

“Dos eran las formas fundamentales de influencia: las ideas y el cumplimiento del trabajo. Dentro de los ambientes laborales estábamos llamados a ser consecuentes con nuestra fe, ver a los otros como nuestros hermanos y asumir nuestro compromiso moral con el trabajo social por lo que este representa para los demás… Cristo fue obrero, trabajó para sustentarse y para servir a la sociedad”

San José obrero y el magisterio pontificio

Dr. Roberto Méndez Martínez

José, de sangre real, unido en matrimonio a la más grande y santa de las mujeres, considerado el padre del Hijo de Dios, pasó su vida trabajando, y ganó con la fatiga del artesano el necesario sostén para su familia. Es, entonces, cierto que la condición de los más humildes no tiene en sí nada de vergonzoso, y el trabajo del obrero no solo no es deshonroso, sino que, si lleva unida a sí la virtud, puede ser singularmente ennoblecido.

El servicio al prójimo en peligro

Romano Guardini

Romano Guardini fue uno de los grandes teólogos católicos del siglo xx. Nació en Verona, Italia, en 1885. Se ordenó sacerdote el 28 de mayo de 1910, tras estudiar en el Seminario de Maguncia, Alemania, donde residía con su familia. En 1915 presentó su tesis doctoral en Friburgo. Ocupó varias cátedras de Filosofía y Teología.

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