“Soy un seguidor de Cristo”

Por Nelson de la Rosa Rodríguez


A Richer Pérez Cobas lo he tenido cerca muchas veces. Me tocó narrar en varias ocasiones la carrera Ideal Olímpico (San José de las Lajas-Güines) y como él la ganó siempre que compitió, los últimos kilómetros los hacía a su lado tratando de describir a la audiencia su paso rápido y seguro en busca de la victoria. Por años capté sus palabras minutos después de llegar victorioso a la meta, pero siempre tuve el deseo de conversar con él en otras circunstancias.

La ocasión llegó en marzo pasado. No fue después de una carrera, sino bajo la intermitente sombra del Paseo del Prado, muy cerca de donde se coloca el arco de salida y meta del Marabana, donde su nombre se ha repetido entre los ganadores.

Campeón Centroamericano en Veracruz 2014 y Panamericano en Toronto 2015, Richer Pérez fue el representante de Cuba en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016. Llegó en el lugar cuarenta y seis, pero una foto suya recorrió los informativos del mundo entero, pues antes de llegar a la meta sacó un cartel de fondo blanco y la inscripción “I love Jesús”. Justo a partir de este incidente, iniciamos nuestra conversación.

¿Cómo surgió la idea?

“Yo asisto a la Iglesia Restauración Familiar en el reparto Bahía y un día, conversando con otros hermanos, Eddy, un gran amigo que es como mi familia, tuvo la idea. Entonces se lo dijimos a nuestra pastora y, con mucha premura, pues yo casi salía para Brasil, ella misma buscó la tela e hizo el letrero. En un inicio el cartel era doble, pues tenía la inscripción en español y en inglés, pero me pesaba mucho en la ‘cangurita’ que llevo para correr y entonces le quité la parte en español y dejé la que está en inglés”.

¿Cuál fue la reacción al llegar a la meta?

“Allí muchos me felicitaron, tanto público como competidores, incluso varios corredores estadounidenses se acercaron y me dijeron que había puesto muy en alto a mi país y a los cubanos en general. El ambiente era muy bueno y yo feliz, extremadamente feliz”.

¿Eres un corredor religioso o un religioso corredor?

“Soy un seguidor de Cristo. Él, que es la verdad, me da su paz y me ayuda a disfrutar la carrera. Afortunadamente, no soy el único, hay muchos maratonistas como yo y no solo maratonistas sino de otras disciplinas que, tanto en Cuba como en el extranjero, siguen a Jesús. Y a los que aún no lo hacen, yo los exhorto a que busquen a Cristo, que busquen la verdad y eso los hará ser mejores seres humanos”.

¿Cuándo se produce tu encuentro personal con Jesús?

“En el año 2013, de ahí en adelante comenzó un cambio radical en mi vida que me llevó a crecer en amor, sencillez, bondad, sinceridad y sobre todo a experimentar una paz muy diferente a la que da el mundo. Eso también se tradujo en mejores resultados deportivos. En el 2014 me convertí en Campeón Centroamericano y del Caribe en Veracruz, México, con tiempo de 2.19, 13. Luego gané los Panamericanos de Toronto en el 2015 y más tarde participé en los Juegos Olímpicos. Aún no estoy conforme con mis resultados, creo que puedo dar más, pero sé que en mi vida Dios tiene el control y eso me hace vivir en paz”.

¿El hecho de manifestar públicamente tu fe te ha traído incomprensiones?

“Alguna que otra vez, pero miro con satisfacción el reconocimiento, el respeto y el amor de la gente, también de dirigentes deportivos. Me siento muy emocionado de saber que es Cristo quien pelea mis batallas y esa es mi razón de existir”.

San Pablo compara la vida espiritual con una carrera que al final premia con la corona de salvación. ¿Qué relación existe entre tu vida espiritual y la de maratón?

“El apóstol también habla de ejercitarse. Como nosotros ejercitamos el cuerpo con la preparación, el volumen de kilómetros semanales, la fuerza, la alimentación, asimismo yo me preparo espiritualmente para ser valiente y poder cumplir la voluntad de Dios. El apóstol nos enseña cómo hacer la carrera para ganar la corona que no se marchita y que es la Salvación. De igual modo, salgo a la pista, cada día, con el propósito de llegar a la meta”.

En un país marcado por el béisbol y el boxeo, ¿por qué eres corredor?

“Gracias por la oportunidad de responder esa pregunta. Antes de ser corredor, me gustaba el boxeo, pues mi casa, allá en Camagüey, era visitada por ese gran boxeador que fue Leonardo Martínez Fiss. Incluso sin mucha práctica, gané algunas peleítas, pero a mi mamá no le gustaba la idea; decía que me romperían la nariz y entonces comencé en el atletismo, pero como saltador largo, hasta que poco tiempo después pasé a las pruebas de fondo. Creo firmemente que ese era el plan de Dios en mi vida”.

Los Juegos Olímpicos es la cita deportiva más importante. ¿Cómo fue tu preparación?

“Le agradezco a todos los que tuvieron que ver con la preparación, mis entrenadores, a la gente del CEAR, etcétera, que me apoyaron para que yo entrenara en México. No obstante, fue un poco difícil porque no pude tener un fisioterapeuta a mi lado y tampoco los médicos que se necesitan, entre otras cuestiones. Es pero que, en algún momento, eso cambie para bien, si es que queremos tener mejores resultados”.

¿Qué elementos no pueden faltar en la preparación ideal del maratonista?

“Es muy importante la motivación y luego la presencia del fisioterapeuta. Los grandes corredores del mundo lo tienen todo el tiempo trabajando con ellos, estirándolos, aunque sea en dos sesiones diarias de diez minutos. Además está la alimentación. El atleta debe estar consciente de que, en la base de su nutrición, no pueden faltar los carbohidratos. Es muy importante comer adecuada y suficientemente. Te puedo decir que los niveles que se producen de inmovilización de grasas son muy grandes y en cada sesión de entrenamiento, donde se corren entre veinte y treinta y cinco kilómetros, la pérdida es muy considerable; te digo más, con alimentación solo no se suple, son necesarias las vitaminas que contienen además hierro y otros minerales”.

¿Es posible una preparación así en Cuba?

“Realmente es un poco difícil. Mis amigos corredores en el extranjero nos admiran porque en condiciones que no son las ideales logramos buenos resultados, así que imagínate si pudiéramos tener las condiciones idóneas, hasta dónde pudiéramos llegar”.

Este año tienes el Campeonato Mundial, ¿cómo va la preparación?

“Tuve una pequeña lesión en el bíceps femoral, pero ya empecé a introducir poco a poco las cargas y mejorar la velocidad relativa por abajo para después reiterar el volumen semanal y los tramos con vistas a asistir en forma plena al Mundial”.

¿Y el fisioterapeuta?

“Ahora mismo no lo tengo. Mi esposa me ayudará en cuanto se recupere del parto, pero lo ideal es tener a alguien haciendo la función para el resto de los corredores, incluyendo a Dailín Belmonte, que también estará en el Mundial. Debe buscarse el vínculo, nosotros lo apoyaríamos en todo, pero es muy importante tenerlo porque es mucho el trabajo y demasiada la carga diaria”.

Actualmente vives en México…

“Sí, resido y entreno en México, donde me casé y estoy esperando a mi hija, pero sigo viniendo a entrenar también aquí. Esto me ayuda porque mejoro la calidad ‘por abajo’, allá hay demasiada altura. Al trabajar en Cuba mejoro la velocidad relativa y después completo el trabajo allá. Cuando se integre la delegación al Campeonato Mundial regreso y me uno al resto de mis compañeros”.

En Cuba eres prácticamente imbatible en la media maratón, pero corres muy pocas carreras de 42…
“Es difícil correr maratones aquí con un clima tan cálido y tanta humedad, esto produce un desgaste muy grande del organismo y por eso prefiero correr los 21”.

El récord nacional de maratón está en poder de Alberto Cuba desde el 13 de diciembre de 1992, cuando logró 2:10.53 en Mérida, México. ¿Piensas en el récord?

“Sí, cómo no. Ese tiempo es mi referencia y creo que las mejores opciones las tengo en el Campeonato Mundial en agosto. Allí pretendo, primero, alcanzar una buena posición, luego alcanzar mi mejor marca personal y si es posible el récord nacional”.

Ya es tradicional tu presencia en la carrera Ideal Olímpico, una media maratón entre San José de las Lajas y Güines…

“Es una carrera que se me da bien y me motiva mucho. Primero porque veo a mis hermanos en Cristo allá, a los corredores del club Correr por la Vida, a veteranos y maestros que corren con mucha voluntad. Además el pueblo me apoya mucho durante todo el trayecto. La he ganado siempre que he competido y poseo el récord absoluto”.

Cuando compites, ¿cómo lo haces?

“Me enfoco en los parciales y más que en eso, en cómo está mi organismo. Él me va avisando cómo me siento y eso es fundamental porque de ahí depende el resultado”.

Aunque en el mundo, son muchos los buenos corredores, indiscutiblemente los mejores resultados los tienen los corredores africanos. ¿Qué tienen ellos diferente?

“Primeramente, la genética y luego los deseos de salir adelante en medio de la necesidad. Eso los hace crecer. Van mejorando en la medida en que mejoran las condiciones, tienen ‘físicos’, médicos, nutriólogos, etcétera. Todo eso hace que sean muy fuertes. Los conozco bien, pues he corrido con varios de ellos, y he ganado y perdido.

”Para mí algo muy importante es que corren con mucha humildad y están muy motivados por sacar a su familia de la pobreza y con el dinero que ganan construyen escuelas, hospitales, centros de acogida. Trabajan con mucho amor y la gran mayoría son creyentes en Jesucristo, algo que les da un ‘plus’ adicional”.

¿Cuál es el momento más difícil de la carrera?

“Para mí es a partir del kilómetro treinta y hasta el treinta y seis, porque realmente hay una inmovilización de lo que es grasa, líquidos, todo… y según la preparación psicológica y física podrás terminar o no”.

¿Alguna vez abandonaste?

“Sí, en el Campeonato Mundial de Beijing en el 2015. No tuve mucha recuperación entre los Juegos Panamericanos y esa competencia, y durante el trayecto realmente me quedé engarrotado en el medio de la carrera. Recuerdo que en el abdomen se me hizo una bola, tuve contracciones musculares, fatiga… Y no solo me pasó a mí, a varios de los mejores del mundo los encontré en el ómnibus al que subí después de salir de la ambulancia. Allí estaban varios de los favoritos, entre ellos los kenianos Dennis Kipruto y Wilson Kipsang. Quiero decir que los grandes del mundo también se han parado. No se trata de abandonar por abandonar, es que el estado físico te impide seguir”.

Dices que tuviste poco tiempo entre los Panamericanos y el Mundial. ¿Cuál es el tiempo ideal entre un maratón y otro?

“Para mí lo ideal es entre tres y cuatro meses para poder alcanzar una buena recuperación de los ligamentos, los esfuerzos musculares y la transportación del oxígeno”.

¿Cómo se gestiona la presencia de los atletas cubanos en los maratones internacionales?

“Casi siempre asistimos como invitados, pero necesitamos que se dé la oportunidad de participar en más maratones y vincularnos con las mejores carreras del mundo. Ahora se habla de un nuevo sistema que nos permitirá una mayor participación. De hecho, creo que los ganadores del Marabana podrán competir en el Maratón de París.

Si tuvieras la oportunidad de escoger un maratón para participar, ¿cuál escogerías?

“El de Berlín. Allí se han impuesto muchos récords mundiales, incluyendo el actual que está en poder de Dennis Kipruto con 2:02.57. Es la carrera con mayor participación, más calidad, imagínate que anualmente corren allí cerca de setenta u ochenta corredores que bajan de 2:15. Es un maratón en el que todos aspiran a correr un día”.

¿Todos los corredores salen con el mismo objetivo en una carrera de maratón?

“No. Todos los corredores van con su objetivo particular dependiendo de sus marcas. Cada uno tiene presente la calidad de los rivales y sus límites personales y al más alto nivel es imposible desconocer la calidad que tienen los africanos, los cata-ríes, los estadounidenses, italianos, japoneses. Eso sí, cada uno va con una posibilidad de mejorar la posición y terminar el trayecto. Desde antes de la partida todo eso se sabe. Por ejemplo, en la Olimpiada todo el mundo sabía que el favorito era el kenyano Eilud Kipchoge y él fue el ganador. Era algo que se sabía por sus marcas y porque había hecho el mismo trayecto unos meses antes y lo había ganado con claridad. Es más, el resto de los competidores sabíamos incluso con qué tiempo podía ganar y así ocurrió. Se impuso con 2:08.44, que era más o menos el pronóstico”.

Muchos de los grandes corredores del mundo hacen el trayecto con otros compañeros. ¿Cuán difícil es hacer el trayecto solo?

“Es un poco difícil, pero realmente no estoy solo, estoy con Dios y disfruto la carrera, con esfuerzo pero tranquilo, muy atento a mi organismo. En el trayecto me conecto con Dios, me distraigo con la gente que me saluda y le pido a Dios que me guíe, me fortalezca y me de la oportunidad de terminar. En Río, en el km 34 me sentí muy mal y oré: ‘Padre, permite que pueda terminar para glorificar tu nombre’. Recuerdo que me dieron contracciones musculares pero Dios me dio la oportunidad de terminar”.

Un mensaje para los lectores de Palabra Nueva.

“Mi mensaje es que Dios es el creador de todo; que lo que hagan, lo emprendan con amor en Cristo Jesús y en general que los amo y que daré lo mejor de mí en cada carrera”.


Muchas gracias.

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