Homilía del arzobispo de La Habana en la Misa Crismal

Por Mons. Juan de la Caridad García / Fotos Daniel Estévez González


Antes de estar en el seno materno, El Señor eligió a los sacerdotes aquí presentes para dar felicidad a los que sufren, sanar los corazones heridos, perdonar a los pecadores, procurar amnistía a los presos, transformar las lágrimas en fiestas.

Un día determinado, en una fecha del calendario El Señor, a través del obispo, ungió a estos servidores suyos y los puso al servicio de la Iglesia, el pueblo, la familia y de cada uno de nosotros.

Damos gracias a Dios por el sacerdote que nos bautizó y que seguramente sabemos su nombre. A quienes se van a bautizar en la Vigilia Pascual (de pie por favor), a ustedes les será muy fácil recordar el sacerdote quien los va a bautizar y ungir con el óleo de los catecúmenos y el crisma y la fecha.

Cuando entramos a una casa vemos títulos universitarios en cuadros bonitos y visibles, ustedes también pueden colocar cuadros en la sala de la casa con la partida bautismal. Esto será un continuo recordatorio de nuestra condición de hijos de Dios, de profetas, de quienes hablan en voz de Dios, de sacerdotes, quienes entregan su vida a Dios, de reyes, quienes establecen su reinado de amor.

Damos gracias a Dios por los obispos quienes nos entregaron el don del Espíritu Santo en la Confirmación. Los ya confirmados de pie. Ustedes sean un ejemplo de ungidos del Espíritu Santo por el Santo Crisma para quienes serán confirmados próximamente por la unción de este crisma que consagraremos.

Damos gracias a Dios por el sacerdote del cual recibimos la primera comunión y muchas otras comuniones que nos hacen decir: Vivo yo, pero no yo, es Cristo quien vive en mí.

Damos gracias a Dios por el sacerdote que nos confiesa. ¡Qué paz al recibir el perdón de Dios! Benditos sacerdotes que están disponibles e inmediatamente dicen sí cuando solicitamos confesarnos.

Damos gracias a Dios por el sacerdote que ungió con el óleo de los enfermos a nuestra mamá enferma o moribunda, a nuestro papá, a un hijo. Esta acción nunca la olvidaremos.

Damos gracias a Dios por el sacerdote que bendijo la unión matrimonial y a quien lo salvó a punto de romperse.

Damos gracias a dios por los sacerdotes que sacaron los hijos del aborte, del alcohol, de la droga, la prostitución, la violencia, el robo, la ignorancia y les hicieron sentir que Dios es “Abba”.

Es imposible conocer todo el bien espiritual, humano y material que regala un sacerdote. Repasemos en la memoria de la mente y el corazón lo que hemos recibido de nuestros sacerdotes y escribámosle una carta de gratitud manifestándole lo que ha significado para cada uno y entreguémosla el Jueves Santo, día de la institución del sacerdocio, de la eucaristía y del mandato del nuevo amor.

Y si un sacerdote y un laico han tenido ciertas desavenencias y dificultades, buen día el Jueves Santo para que el sacerdote llamo a su hijo o hija y mediante un diálogo amoroso todo se pueda arreglar.

Rogamos al Señor siga llamando y ungiendo a muchos ministros, muchos sacerdotes y que los próximos diáconos que serán ordenados sacerdotes sean lo que Dios, la Iglesia y el pueblo quieren. Ustedes quieren que nosotros todos seamos santos. Ayúdennos.

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