La historia de los Cubans Sugar Kings

Por Nelson de la Rosa Rodríguez


Con el lema “Un pasito más” los aficionados cubanos al béisbol albergaron la esperanza de que Cuba pudiera llegar a tener un equipo en las Grandes Ligas. Era la temporada de 1959 y los Cubans Sugar Kings estaban en la cúspide del rendimiento.

 No siempre se llamaron Cubans Sugar Kings, antes fueron los Havana Cubans y así debutaron en el nivel C de la Liga Internacional de la Florida en 1946, donde ganaron cinco campeonatos consecutivos, afiliados al Washington. Aquella franquicia fue montada por el empresario George P. Foster y durante el período nutrió a las Grandes Ligas con figuras como Leonardo Cárdenas, Mike Cuéllar y Cookie Rojas.

Sin embargo, en 1954 Bobby Maduro compró la franquicia y cambió el nombre del equipo al de Cubans Sugar Kings o Havana Sugar Kings y comenzó a jugar en el nivel Triple A de la International League, afiliado a los Rojos de Cincinnati y teniendo como sede el entonces Gran Stadium del Cerro.

La franquicia siempre tuvo la ilusión de ocupar un espacio en la Liga Americana, esperanza que aumentó cuando en 1957 los Dodgers de Brooklyn se fueron de Nueva York a Los Ángeles y los Gigantes plantaron bandera en San Francisco.

 Hace algún tiempo, el periodista e historiador Peter Bjarkman dijo: “La Habana, como base de béisbol, y en ese momento una de las ciudades más grandes del hemisferio occidental fuera de Estados Unidos, ciertamente se consideraba lista para una franquicia de Grandes Ligas”.

Por entonces en la Liga Internacional de la Florida también jugaban las novenas de Richmond, Rochester, Otawa, Syracuse, Toronto, Montreal y Búfalo.

En la primera serie bajo el nombre de Cubans Sugar Kings (1954), estuvieron dirigidos por Regino Otero, lograron 78 victorias con 77 derrotas y ocuparon el quinto lugar en la liga.

Aquella nómina estuvo integrada por los receptores Rafael Noble, Fermín Guerra, Andrés Fleitas y el estadounidense José Montalvo. En el cuadro aparecieron los norteños Don Nicholas, Bob Ramazzotti y John Lipon, el venezolano Luis García y los cubanos Julio Bécquer, Luis Morales, Daniel Morejón y Antonio Pacheco, mientras que los jardineros fueron los nacionales Juan Delís, Ángel Scull, Pedro Formental (13 jonrones), Roberto Ortiz, Asdrúbal Baró y los estadounidenses Paul Smith (22 dobles y 62 impulsadas), Ray Coleman (25 dobles y 65 impulsadas) y John Welaj. Dejando el staff de pitcheo con los criollos Emilio Cueche (13 victorias), Julio Moreno, Vicente López, Raúl Sánchez, Carlos Pascual, Eusebio Pérez y Lorenzo Oñate, además de los estadounidenses Jim Melton (14 victorias), Charles Harris, Ken Raffensberger, Saúl Rogovin, Clarence Iott, William Powell, Pat Scantlebury, Maurice Fisher, Ed Varhelyi y Clint Hartung.

Un año después, nuevamente con Regino Otero como manager, terminaron en el cuarto lugar con 87 victorias y 66 derrotas e individualmente hubo destaque ofensivo para los cubanos Asdrúbal Baró (.289, 16 2B, 10 HR , 85 CI) y Pedro Formental (.293), así como el puertorriqueño Saturnino Escalera (.297 y 29 2B). En el pitcheo se destacaron el estadounidense Pat Scantlenbury (1.90 y 13 victorias) y los cubanos Emilio Cueche y Raúl Sánchez con 12 y 10 victorias respectivamente.

La temporada de 1956 representó un retroceso, pues el equipo descendió al sexto lugar (72-82). Regino Otero inició como manager pero cedió su puesto a Napoleón Reyes. De manera individual se destacaron Woody Smith (USA), con 19 jonrones, 26 dobles, 6 triples y 83 carreras impulsadas; repitió el boricua Saturnino Escalera con 25 dobles, 63 carreras impulsadas y 281 de average y el criollo Ultus Álvarez con 18 dobles y 16 jonrones. En el pitcheo los máximos ganadores fueron el norteamericano Rudy Marcín (15) y el cubano Raúl Sánchez (10), en tanto el también norteño Don Gross fue el más efectivo con 1.67.

En 1957 se mantuvo Napoleón Reyes como director, pero el resultado no mejoró. Nuevamente sexto lugar y más derrotas que victorias (72-82). No obstante, hubo individualidades como la del jardinero Danny Morejón, quien promedió 296 con 23 dobles, 10 triples, 12 jonrones y 75 impulsadas. Ultus Álvarez no fue menos y disparó 18 jonrones, 23 dobles y 7 triples, además de impulsar 74 carreras.

Orlando Peña y Pat Scantlebury fueron los pitchers más ganadores (12), seguidos de Vicente Amor (11), Emilio Cueche y Joe Hatten (10).
Como si cayeran en picada, la campaña de 1958 fue la peor de todas (65-88, 8vo. lugar). A mitad de camino Antonio Pacheco sustituyó como manager a Napoleón Reyes pero eso no fue suficiente.

El primera base Rogelio Álvarez sobresalió a la ofensiva con 88 impulsadas, 25 jonrones y 23 dobles, aunque también se destacaron los venezolanos Elio Chacón y Pompeyo Davalillo, así como el jardinero auxiliado, entre otros, por Reinaldo Cordeiro y Luis Navarro.

La Serie era de siete partidos a ganar cuatro. Los dos primeros se disputaron en el Metropolitan Stadium en Bloomington, Minnesota, bajo temperaturas muy frías. No obstante, el primer juego lo ganaron los Cubans 5 x 2 y en el segundo, aunque estuvieron delante, sus relevistas fallaron y los Millers se llevaron el éxito 6 x 5.

El tercer juego también debió celebrarse en Minnesota, pero las bajas temperaturas y la lluvia obligaron a llevar la Serie a La Habana y jugar en el Gran Stadium del Cerro desde el 1ro. de octubre. Ese día pagaron la entrada más de treinta mil fanáticos y entre los asistentes estuvo el entonces primer ministro Fidel Castro, quien dijo antes del juego “que de la misma manera que la Revolución había triunfado en Cuba, estaba seguro de que los Kings ganarían la Pequeña Serie”.

Aquel duelo se decidió en extrainning para los Kings gracias a un indiscutible del jardinero Ray Shearer. Al día siguiente, Fidel volvió a estar en el estadio e incluso bajó al banco de los nuestros, quienes volvieron a ganar para poner la Serie 3-1. Sin embargo, los Millers tuvieron un tremendo repunte y con dos éxitos consecutivos empataron la final y forzaron un séptimo y definitivo juego.

Era el 6 de octubre de 1959 y hubo reglas especiales debido a la cantidad de aficionados. Por los Cubans abrió Ted Wieand, mientras Tom Borland lo hizo por los Millers.

En el sexto inning Lou Clinton dio jonrón y los visitantes tenían ventaja de 2 x 0, pues desde el segundo habían tomado el mando por vuelacercas de Joe Macko. Viendo el box score del partido, los Millers pudieron ampliar en el octavo… En esa entrada salió a lanzar por los de casa Salivita Sánchez y le dio boleto a Tommy Umphlett y el entonces camarero y luego miembro del Salón de la Fama Carl Yastrzemski, lo forzó en segunda base. Con hombre en primera y un out Sánchez ponchó a Lou Clinton y Yastrzemski se robó la segunda, pero un minuto más tarde fue sorprendido por un gran tiro del receptor Enrique Izquierdo. Y como en el béisbol “si no la haces, te la hacen”, los locales abrieron la parte baja de ese inning con imparable de Chacón y después del out del Haitiano González en fly al center field, Daniel Morejón disparó doblete por regla al jardín derecho. Entonces el mentor rival sustituyó a Tom Borland por Murray Wall, quien dominó a Ray Shearer por la vía del ponche. Acto seguido, el manager Preston Gómez sacó un as de debajo de la manga: decidió utilizar como emergente a Larry Novak, quien no había tenido una buena campaña, en lugar del Borrego Álvarez y el público murmuró descontento. Afortunadamente, Novak conectó un imparable al derecho y los de casa empataron el marcador ante el delirio de los fanáticos. Luego vino otro hit de Leonardo Cárdenas y los Cubans pusieron la ventaja en segunda, pero el relevista Billy Muffet dominó al emergente Jesse Gonder en elevado al derecho.
Después de la tranquilidad en la parte alta del noveno, los visitantes estaban contra la pared. Salivita Sánchez se embasó por base por bolas, Pompeyo Davadillo lo llevó a segunda con toque de sacrificio y luego del ponche a Chacón, Daniel Patachula Morejón conectó sólido entre primera y segunda. El camarero Yastrzemski hizo un gran esfuerzo, pero no la pudo capturar y aunque el right fielder hizo un tremendo tiro al plato, no pudo impedir que Raúl Sánchez anotara desde segunda, deslizándose de manos para burlar al receptor con la carrera que le dio a los Cubans Sugar Kings la victoria en la Pequeña Serie Mundial de 1959. En una final histórica, Daniel Morejón fue líder en average (407), hits (11), anotadas (6) e impulsadas (7).

Cerraba así una temporada tremenda para Cuba: los Cubans triunfaron en la Liga Internacional, Panchón Herrera obtuvo la Triple Corona, los Kings ganaron la Pequeña Serie Mundial, el club Almen-dares se impuso en la Serie del Caribe en Venezuela y además, fue el primer año de alto rendimiento de Camilo Pascual en Grandes Ligas con los Senadores. Ahora sí parecía hacerse realidad el lema: “Un pasito más y llegamos”.

Sin embargo, la franquicia abandonó Cuba a mitad de la temporada de 1960, después de que el gobierno revolucionario decretara la nacionalización de todas las empresas estadounidenses presentes en el país.

Reportes de la época indican que el 8 de julio de 1960, el entonces secretario de Estado de EE. UU., Christian Herter, hizo presión y tras una reunión en Washington con Ford Frick, comisionado de las Grandes Ligas, transfirieron la franquicia de La Habana a Jersey City, alegando además que “el clima en Cuba ya no es saludable para nuestro pasatiempo nacional”. Los Sugar Kings jugaron su último partido el 14 de julio de 1960 en Miami. Al amanecer del siguiente día, llegaron a New Jersey en medio de una gran celebración, pero el interés pronto disminuyó y antes de la temporada de 1962, los Jersey City Jerseys desaparecieron, luego del paso de la franquicia a Jacksonville, Florida.

Ya para ese entonces en Cuba se había erradicado el deporte profesional y muchos cubanos que ya estaban en las Ligas Mayores y los que habían pasado a New Jersey, no regresaron para jugar con el equipo nacional.

Lamentablemente, “faltó solo un pasito” para que Cuba tuviera un equipo en Grandes Ligas, triste final para una época dorada de nuestro béisbol que nadie podrá borrar.

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