Vivir la Palabra y compartirla

Por Movimiento de los Focolares


Sobre ecumenismo, Palabra Nueva conversa con Luis Fernando Vélez, miembro del Movimiento de los Focolares (u Obra de María) en Cuba y secretario ejecutivo de la Comisión de ecumenismo de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba (COCC).

¿Cuba es un país ecuménico?

“Diría que, como en todos los países latinoamericanos, hay una gran sensibilidad al ecumenismo. Es normal encontrar un familiar, un compañero de trabajo o un vecino que participa de una Iglesia o comunidad diferente a la nuestra. Hace algunas décadas, uno ‘que se cambiaba de Iglesia’ era rechazado de inmediato en su entorno; hoy hemos ganado en comprensión y en respeto hacia todos”.

Entre las personas sí es verdad que hay apertura, pero ¿entre las Iglesias?

“A nivel de las Iglesias y comunidades evangélicas es importante el esfuerzo que realiza el Consejo de Iglesias de Cuba; continuamente hay actividades conjuntas; la misma formación de los pastores es casi siempre en espacios ecuménicos. Creo que eso es muy positivo. La Iglesia católica participa en ciertos eventos, en pocos, a decir verdad. Hay una dificultad de fondo y es el tinte político de muchas comunidades evangélicas, que crea el rechazo de otras. En los últimos meses hay un fenómeno nuevo que es la proliferación de comunidades muy sectarias y que atacan abiertamente a la Iglesia católica. Esta actitud no es compartida por la mayoría de las Iglesias evangélicas, ya que son comportamientos del todo ajenos a la idiosincrasia cubana”.

Y ustedes del Movimiento de los Focolares, ¿cómo participan de todo esto?

“Nuestro carisma es la unidad, por lo tanto el ecumenismo lo vivimos como vocación; es parte de nuestro estilo de vida. Chiara Lubich, nuestra fundadora, decía: ‘allí donde hay una Iglesia evangélica, ese es su lugar’. Es más, aconsejaba también: ‘corran allí donde vean una mezquita, una sinagoga’. Los focolarinos nos sentimos como en casa donde hay división, donde hay que recomponer la unidad y la fraternidad.
”Desde que las focolarinas llegaron a Cuba hace diecisiete años, empezaron a tomar contacto con pastores de varias iglesias. Todos recuerdan con inmenso cariño a Franca Peraro, a Úrsula Lonngi… Después, cuando llegamos los focolarinos hace once años, la Conferencia Episcopal nos pidió apoyar el ecumenismo desde el secretariado ejecutivo; antes estuvo Nuccio Santoro, que todos recuerdan por su cercanía y sabiduría. Luego yo he continuado con este servicio”.

¿Y qué se hace en concreto?

“Ya es habitual, todos los años del 18 al 25 de enero nos unimos a las celebraciones que se realizan en el mundo durante la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. Tenemos una comisión mixta donde participamos miembros de varias Iglesias y acogemos las iniciativas que cada uno presenta para dicha semana. Siempre nos acompaña Mons. Alfredo Petit, obispo auxiliar emérito de La Habana y existe una relación muy fraterna con un buen grupo de líderes de distintas Iglesias. Las celebraciones de apertura y de clausura son los momentos más solemnes y donde hay una mayor participación. La apertura la hacemos en un templo evangélico y la predicación de ese día está a cargo de un sacerdote católico; la clausura se hace en uno católico, donde predica un pastor evangélico. Desde hace tres años también estamos intentando involucrar más a los jóvenes y se realiza un festival ecuménico que también está creciendo. Es muy interesante el encuentro de oración que organizan las mujeres, así como otros momentos que organizan la Comunidad de San Egidio, las hermanas Brigidinas o los cultos de algunas Iglesias que durante esa semana tienen un enfoque particularmente ecuménico.

”En otras provincias también hay distintas iniciativas ecuménicas durante el año. Momentos de oración se han hecho en Santiago, Camagüey, Matanzas… Donde hay miembros de los focolares, tratamos de colaborar con la Iglesia local para impulsar estas iniciativas”.

¿Y cuál es su experiencia personal en este campo?

“Personalmente, siento que es un privilegio colaborar en esta realidad del ecumenismo. Como decía antes, para los focolarinos se trata de ‘vocación’ y como católico siento también que debo responder al impulso que han venido dando los últimos Papas. Creo que si uno es fiel a la Iglesia, hoy día no se puede ser católico sin ser ecuménico.

”Para mí, los gestos que ha venido haciendo el Papa Francisco, el mismo encuentro en Cuba con el Patriarca Kirill, de la Iglesia ortodoxa rusa, su viaje a Suecia, esa actitud de no tener miedo a ser criticado con tal de dar pasos hacia adelante, son un ejemplo claro de por dónde hay que caminar. También nosotros en La Habana hemos visto este año un compromiso y una cercanía muy grandes por parte del nuncio apostólico Mons. Giorgio Lingua, y del arzobispo Mons. Juan García. Esto nos anima, nos entusiasma y nos hace sentir más cerca el ‘Que todos sean uno’ de Jesús, que en última instancia es la misión de la Iglesia”.

¿Y los desafíos?

“En La Habana hay un buen ambiente y participación en los eventos ecuménicos. Debemos animar y apoyar más las otras provincias. Esa es una deuda que tenemos. Creo que hay que invertir más en la formación al diálogo, a la apertura. Muchos reconocen la ‘espiritualidad de comunión’ –típica de los focolares, pero que Juan Pablo II extendió a toda la Iglesia en la Novo millenio ineunte– como una espiritualidad ecuménica. El desafío mayor es precisamente vivir y donar a muchos cristianos este don con el que el Espíritu Santo ha querido enriquecer a la Iglesia. También considero importante pasar de un ecumenismo afectivo que existe, un ecumenismo de la oración que también es real, a un ecumenismo en la vida concreta, sirviendo juntos a la sociedad que nos rodea y que necesita signos de esperanza”.

Suena interesante “una espiritualidad ecuménica”. ¿Cuáles son sus características?

“La base de toda espiritualidad es una fe sólida en Dios Amor. Y como respuesta a tanta bondad de Dios hacia cada uno de nosotros y hacia la Iglesia, debemos vivir un estilo de vida basado en el amor. El mundo necesita hoy una inyección de amor, quizás una sobredosis de amor, pero ama solo quien se siente profundamente amado. Para Chiara Lubich y su primer grupo de amigas, la chispa que dio inicio a lo que hoy se conoce como Movimiento de los Focolares, fue la convicción: ‘Dios me ama inmensamente’, ‘Dios te ama inmensamente’. El hecho de no sentirse huérfanos, de saber que tenemos un Padre que nos ama es fundamental.

”Hay un tipo de amor –la perla del Evangelio– que debe ser el distintivo de los cristianos: el amor recíproco. Y no solo amor entre las personas sino entre las Iglesias, hasta llegar a ‘amar la Iglesia del otro como la propia’ –diría Chiara–. Y el amor mutuo lleva a la unidad. Y en la unidad sucede un milagro extraordinario: ¡La unidad trae consigo la presencia de Jesús resucitado!

”Permitirle a Jesús la posibilidad de hacerse presente entre un católico y un evangélico que se aman, entre un ortodoxo y un luterano, entre un episcopal y un reformado… Es la inmensa posibilidad que tenemos los laicos de llevar a Jesús a la familia, al trabajo, a la universidad, al lugar de diversión… ¡Y hacer que los demás se encuentren con ese Jesús vivo entre nosotros! ¿Se imagina la potencialidad que tiene esto para la nueva evangelización?

”Hay un ‘secreto’ para la unidad. Es el amor exclusivo a Jesús crucificado y abandonado. En Él podemos avizorar todas las divisiones, los traumas, los dolores de las Iglesias y de la humanidad entera. En su grito: ‘Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?’, tienen eco todos nuestros ¿por qué? Amándolo, podemos transformar nuestro dolor en amor. Jesús abandonado puede ser la clave para recomponer la unidad entre los cristianos”.¿Tienes alguna experiencia concreta para comprender mejor esta realidad de Jesús abandonado?

“Me viene a la mente una experiencia que viví en República Dominicana donde estuve antes de venir a Cuba. Se extiende también al diálogo interreligioso, pero es válido igualmente para la relación entre los cristianos. Allí también trabajé en la Comisión de ecumenismo. Un día llaman de la embajada de Israel porque querían organizar un acto para recordar los diez años de la visita de Juan Pablo II a Jerusalén. Ese día entregarían a un grupo de gente comprometida en el diálogo ecuménico e interreligioso un sello postal que Israel sacó para la ocasión.

También el gobierno dominicano aprovechaba la ocasión para publicar ese día otro sello postal por la visita del Papa a su país. Hicimos juntos la lista de invitados, entre los cuales había un grupo de musulmanes. La persona encargada en ese momento de la sinagoga era un poco fuerte contra los musulmanes y quería aprovechar el momento para decirles lo que pensaba. Me encontré en una posición muy incómoda, pero me acordé de Jesús abandonado. ¿Quién más incómodo que Él en la cruz?

”Me parecía un absurdo invitar a alguien a un evento y luego abochornarlo en público. También aquí: ¿qué más absurdo que un Dios en la cruz? Me puse a orar por esta persona que estaba preparando su discurso y seguí organizando todo con la certeza de que Dios intervendría. Para mi sorpresa, la tarde antes del evento, este amigo me envió su discurso y me pidió que le diera mi opinión. Obviamente, aproveché para matizar sus comentarios negativos y le sugerí algunos cambios que él aceptó. Todo el evento fue muy bien y después de unos días pude conversar con este amigo hebreo sobre mi manera de ver las cosas, sobre la necesidad de abrirse al diálogo fraterno, etcétera. No es que logré que cambiara de parecer, pero sí escuchó con atención y seguimos colaborando en otras actividades, también con los amigos musulmanes”.

Entonces, Dios Amor, el amor y el amor recíproco, la unidad, Jesús en medio y Jesús en su abandono… ¿algo más?

“Un punto también muy importante es la relación con el Espíritu Santo, ‘ese Dios desconocido’, escribía Chiara Lubich.

”¡Y María! Aunque parezca contradictorio, María debe tener un papel fundamental en el ecumenismo. ¡Ella es Madre! Y una madre quiere ver a sus hijos unidos. María es la discípula perfecta, la creatura que más vivió el Evangelio. Esta visión de María puede ser compartida por muchos de nuestros hermanos evangélicos.

“Y la Palabra de Dios es, diría, pilar fundamental de una espiritualidad ecuménica. Hemos tenido avances en el conocimiento de la Palabra. En esto la Reforma protestante dio un notable impulso. Debemos apuntar más decididamente a vivir la Palabra. Todavía no es suficiente. Vivir la Palabra y compartir las vivencias concretas que tenemos de ella, el compartir los frutos de la vida de la Palabra crea comunidad, mantiene viva la comunidad y puede hacer de cada comunidad cristiana un potente medio de evangelización”.

Obrero católico de la A a la Z

Yarelis Rico Hernández

“Dos eran las formas fundamentales de influencia: las ideas y el cumplimiento del trabajo. Dentro de los ambientes laborales estábamos llamados a ser consecuentes con nuestra fe, ver a los otros como nuestros hermanos y asumir nuestro compromiso moral con el trabajo social por lo que este representa para los demás… Cristo fue obrero, trabajó para sustentarse y para servir a la sociedad”

San José obrero y el magisterio pontificio

Dr. Roberto Méndez Martínez

José, de sangre real, unido en matrimonio a la más grande y santa de las mujeres, considerado el padre del Hijo de Dios, pasó su vida trabajando, y ganó con la fatiga del artesano el necesario sostén para su familia. Es, entonces, cierto que la condición de los más humildes no tiene en sí nada de vergonzoso, y el trabajo del obrero no solo no es deshonroso, sino que, si lleva unida a sí la virtud, puede ser singularmente ennoblecido.

La Academia Cubana de la Lengua

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La Academia Cubana de la Lengua fue constituida oficialmente en 1926 como la decimosegunda academia correspondiente de la Real Academia Española.1 Su primer director fue Enrique José Varona; su vicedirector, Fernando Ortiz Fernández. La intención fue agrupar a personalidades de las ciencias sociales y humanísticas del país dedicadas al estudio, cultivo y desarrollo de la lengua española, ya fuesen escritores o lingüistas.

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