José Martí

Por Fina García Marruz

Desde niños nos envuelve, nos rodea, no en la tristeza del homenaje oficial, en la cita del político frío, o en el tributo inevitable del articulista de turno, sino en cada momento en que hemos podido entrever, en su oscura y fragmentaria ráfaga, el misterioso cuerpo de nuestra patria o de nuestra propia alma. Él solo es nuestra entera sustancia nacional y universal. Y allí donde en la medida de nuestras fuerzas participemos de ella, tendremos que encontrarnos con aquel que la realizó plenamente, y que en la abundancia de su corazón y el sacrificio de su vida dio con la naturalidad virginal del hombre. Acaso por esto, siempre nos parece que los demás nos lo desconocen o fragmentan, porque cada cubano ve en él, un poco, su propio secreto. Y así lo vemos como el hermano mayor perdido, el que tenía más rasgos del padre, y al que todos quisiéramos parecernos porque contiene nuestra imagen intacta a la luz de una fe perdida. Pensamos que si estuviera entre nosotros todo sería distinto, lo cual es a la vez lo más sencillo y lo más misterioso que se pueda decir de alguien. Desconfiados por hábito o malicia, creemos en él a ciegas; enemigos de la rigidez de todo orden, aun del provechoso y útil, nos volvemos a este austero en quien la libertad no fue una cosa distinta del sacrificio; burlones y débiles, buscamos, como a invisible juez, la gravedad de este hombre, poderoso y delicado. Él es el conjurador popular de todos nuestros males, el último reducto de nuestra confianza, y olvidadizos por naturaleza, rendimos homenaje diario, profundo o mediocre, a aquel hombrecillo de cuerpo enjuto, de frente luminosa y ojos de una penetrante dulzura, que tiene esta irresistible fuerza: la de conmover.

Conmueve si escribe, si habla, si vive, si muere. ¿Cuál es su secreto? Él no actúa: obra. Todo lo que hace está como tocado de un fulgor perenne.

Los Versos Libres de Martí

Miguel de Unamuno

Todavía siento resonar en mis entrañas el eco de los Versos libres de José Martí que, gracias a Gonzalo de Quesada, pude leer hace unos meses. Pensé escribir sobre ellos a raíz de haberlos leído, cuando mi espíritu vibraba por la recia sacudida de aquellos ritmos selváticos, de selva brava. Mas opté por dejar pasar el tiempo y que la primera impresión se sedimentara y se depurase. Y ¡hoy quiero hablar de ellos!

José Martí, pensar, traducir y enseñar idiomas

Carmen Suárez León

A partir de 1881, José Martí se establece en Nueva York. Muchas veces tuvo que trabajar en tareas de tenedor de libros en casas comerciales, pero siempre que pudo lograrlo se dedicó a trabajos editoriales, de traducción y también a la enseñanza, como medios de subsistencia.

“Defiéndame mi vida”: la muerte de José Martí

Teresa Díaz Canals

“Solo ante la muerte nuestra vida es realmente vida. En el ahora nuestra muerte no está separada de nuestra vida: son la misma realidad, el mismo fruto”. Estas palabras escritas por Octavio Paz en Los hijos del limo quizá compendien de manera concisa el misterio de la vida y la muerte martianas, pues como expresó el propio José Martí en esos versos que sirven de exergo, con el camino tomado por él sabía muy bien que iba directo a su prematura desaparición física.

SUSCRIBETE A NUESTRO BOLETIN
TE SUGERIMOS...
LENTE CURIOSO