José Martí

Por Fina García Marruz

Desde niños nos envuelve, nos rodea, no en la tristeza del homenaje oficial, en la cita del político frío, o en el tributo inevitable del articulista de turno, sino en cada momento en que hemos podido entrever, en su oscura y fragmentaria ráfaga, el misterioso cuerpo de nuestra patria o de nuestra propia alma. Él solo es nuestra entera sustancia nacional y universal. Y allí donde en la medida de nuestras fuerzas participemos de ella, tendremos que encontrarnos con aquel que la realizó plenamente, y que en la abundancia de su corazón y el sacrificio de su vida dio con la naturalidad virginal del hombre. Acaso por esto, siempre nos parece que los demás nos lo desconocen o fragmentan, porque cada cubano ve en él, un poco, su propio secreto. Y así lo vemos como el hermano mayor perdido, el que tenía más rasgos del padre, y al que todos quisiéramos parecernos porque contiene nuestra imagen intacta a la luz de una fe perdida. Pensamos que si estuviera entre nosotros todo sería distinto, lo cual es a la vez lo más sencillo y lo más misterioso que se pueda decir de alguien. Desconfiados por hábito o malicia, creemos en él a ciegas; enemigos de la rigidez de todo orden, aun del provechoso y útil, nos volvemos a este austero en quien la libertad no fue una cosa distinta del sacrificio; burlones y débiles, buscamos, como a invisible juez, la gravedad de este hombre, poderoso y delicado. Él es el conjurador popular de todos nuestros males, el último reducto de nuestra confianza, y olvidadizos por naturaleza, rendimos homenaje diario, profundo o mediocre, a aquel hombrecillo de cuerpo enjuto, de frente luminosa y ojos de una penetrante dulzura, que tiene esta irresistible fuerza: la de conmover.

Conmueve si escribe, si habla, si vive, si muere. ¿Cuál es su secreto? Él no actúa: obra. Todo lo que hace está como tocado de un fulgor perenne.

Reconocer al otro como mi hermano

Equipo de Comunicación de Cáritas Cuba

En esta ocasión, la colecta de Cáritas dedicará los esfuerzos a favor del Programa de Personas Mayores (PPM), con la pretensión de lograr un mejor estado de bienestar para las 20 mil personas que desde esta iniciativa se acompañan en cerca de 700 grupos y servicios. Los cubanos que no viven en el país pueden enviar sus ayudas a través de la página web de Friends of Cáritas Cuba: http://www.friendsofcaritascubana.org

La Academia Cubana de la Lengua

Sergio O. Valdés Bernal

La Academia Cubana de la Lengua fue constituida oficialmente en 1926 como la decimosegunda academia correspondiente de la Real Academia Española.1 Su primer director fue Enrique José Varona; su vicedirector, Fernando Ortiz Fernández. La intención fue agrupar a personalidades de las ciencias sociales y humanísticas del país dedicadas al estudio, cultivo y desarrollo de la lengua española, ya fuesen escritores o lingüistas.

Enrique José Varona, primer director de la Academia Cubana de la Lengua

Enrique Saínz

Más allá de tanto vano elogio a más o menos conocidas mediocridades, creo necesario decir algo que todos sabemos, pero que debemos recordar: Varona es una de las grandes figuras de la cultura cubana de todas las épocas. Su quehacer intelectual se extiende desde la década de 1870 hasta los primeros años de la que comienza en 1930.

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