Responder al mal con una venganza de amor

Por Mons. Giorgio Lingua, nuncio apostólico en Cuba / Fotos Daniel Estévez González


Homilía de Mons. Giorgio Lingua, nuncio apostólico en Cuba, en la Misa por la 50ma. Jornada Mundial de la Paz, La Habana, 1ro. de enero de 2017


En el Evangelio de hoy, fiesta de María Madre de Dios, el evangelista Lucas nos dice que los primeros en ir a visitar al Niño Jesús recién nacido y acostado en un pesebre fueron los pastores.

Y son ellos los que llevan el primer anuncio del nacimiento del Mesías esperado por el pueblo de Israel. Ellos no conocían IMO, no sabían cómo enviar un tweet, pero no pueden guardar para ellos mismos el gran descubrimiento. Y entonces salen, y van a anunciar a todo el mundo lo que encontraron: el encuentro con Dios. Cuando encontramos a Dios, cuando Dios entra en nuestra vida, nos volvemos misioneros. No podemos guardar para nosotros mismos el gozo de aquel encuentro.

“Y cuantos los oían se maravillaban de lo que les decían los pastores”. El asombro se apodera de los que sienten lo que los pastores cuentan. ¿Pero qué decían tan extraordinario? Habían visto a un bebé en un establo, como les habían anunciado los ángeles que se les aparecieron en el campo. Ellos habían reconocido que ese bebé era realmente el Mesías esperado y anunciado por los profetas. ¡Es extraño, nadie se imaginaba que iba a nacer en Belén en lugar de en Jerusalén; en un establo y no en el palacio real! Solo los sencillos saben entender la lógica de Dios que no es compatible con nuestro punto de vista, que trastorna nuestras expectativas. ¡Dios siempre nos sorprende!

Dios entra en nuestra historia en el escondimiento. Es irreconocible por los ojos de los grandes, pero lo reconocen los humildes. La lógica de Dios no es la lógica del mundo.

Al inicio del Adviento me ha impresionado una frase del profeta Isaías que después ha acompañado mi preparación a la Navidad. Dice Isaías en el capítulo 35, 4: “Sed valientes, ¡no temáis! He aquí vuestro Dios que trae la venganza, la recompensa divina. Él viene a salvarnos”.

Me ha chocado porque dice que Dios viene, en presente, no futuro, por tanto viene también hoy. ¿Y qué viene a hacer? Viene a vengarse: a traer venganza. Pero ¿cómo se venga? ¡Salvándonos! “Él viene a salvarnos”. Por esto el profeta dice: “¡no temáis!”.

No temáis, porque la venganza de Dios no es el castigo, es el amor. Es una lógica distinta de la nuestra.

El hombre merecía la condena por el pecado cometido y Dios viene, mandando a Su Hijo que paga Él mismo la deuda del pecado por todos nosotros.

Nosotros nos vengamos respondiendo al mal con otro mal, generando una cadena de odio, que lleva a la guerra, a la destrucción. Dios responde al mal con el perdón: paga Él mismo la cuenta por nosotros. Solo el perdón puede parar el círculo vicioso de la violencia. La venganza del amor es la venganza de Dios que para la cadena de odio, la cadena del mal. Es verdaderamente otra lógica.

Esta lógica distinta es la que nos propone también el Papa Francisco en el mensaje enviado a los líderes mundiales, religiosos y civiles, en ocasión de la 50ma. Jornada Mundial de la Paz que hoy celebramos. Este año el título es: “La no violencia: el estilo de una política de paz”. Escribe el Papa Francisco: “Deseo la paz a cada hombre, mujer, niño y niña, a la vez que rezo para que la imagen y semejanza de Dios en cada persona nos permita reconocernos unos a otros como dones sagrados dotados de una inmensa dignidad. Especialmente en las situaciones de conflicto, respetemos su ‘dignidad más profunda’ y hagamos de la no violencia activa nuestro estilo de vida”.

El Papa habla de una “no violencia activa”, que debe convertirse en un estilo de vida. La “no violencia pasiva” sería una de renuncia. ¿Qué puedo hacer ante tanta injusticia que se ve en el mundo, frente a la pobreza de muchos, frente a los muchos escándalos, a tantos ataques terroristas que claman venganza? Uno se siente impotente, sin duda, y es tentado de refugiarse en su pequeño mundo, para escapar de la realidad, con la esperanza de que le vaya bien.

La “no violencia activa”, por el contrario, está llena de esperanza y responsabilidad. Es como la venganza de Dios que responde al odio con el amor. Quizás es poco lo que puedo hacer, es una gota en el mar, pero el mar se compone de muchas gotas. Cada uno tiene que vengar el mal que ve o experimenta con mayor amor: “Y adonde no hay amor, ponga amor, y sacará amor…”, dijo san Juan de la Cruz. Cada uno de nosotros puede dar una contribución a la paz con una “no violencia activa”, respondiendo al odio con el perdón, a la opresión con el amor, a la mentira con la verdad, a la injusticia con el compartir. La “no violencia activa” es extender la mano, sin esperar a que otros lo hagan primero.
Por desgracia, en el pasado, pero aún hoy en día, en lugar de ser fuentes de paz las religiones han sido y son –a causa de una mala interpretación de las escrituras– intolerantes y en lugar de promover la paz fomentaron la guerra, la destrucción del adversario, de los “infieles”. Y hoy en día lo hacen hasta a través del método inhumano de ataque terrorista.

Pero estas maneras de actuar son desviaciones, no son la verdadera religión. “Lo reafirmo con fuerza –escribe el Papa en su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz–. Lo reafirmo con fuerza: ‘Ninguna religión es terrorista’. La violencia es una profanación del nombre de Dios. No nos cansemos nunca de repetirlo: ‘Nunca se puede usar el nombre de Dios para justificar la violencia. Solo la paz es santa. Solo la paz es santa, no la guerra’”.

El Papa emérito Benedicto XVI en su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, el 1ro. de enero de 2013, escribía: “Aparte de las diversas formas de terrorismo y delincuencia internacional, representan un peligro para la paz los fundamentalismos y fanatismos que distorsionan la verdadera naturaleza de la religión, llamada a favorecer la comunión y la reconciliación entre los hombres”.

El fundamentalismo y el fanatismo no son una expresión de la verdadera religiosidad, sino que distorsionan la verdadera naturaleza de la religión.

Religión, de suyo, nos lleva a Dios. Como su nombre indica, del latín religare, es decir lo que une apretadamente, lo que une con fuerza. La religión nos une a Dios. Por lo tanto, si estamos verdaderamente unidos a Dios, al único Dios, ¿cómo podemos luchar entre nosotros?

Hace algunos años pasé dos semanas de vacaciones en Egipto e hice amistad con un comerciante musulmán. Le dije que era mi intención aprovechar las vacaciones para aprender un poco de árabe, y él se ofreció a ayudarme. Así cada día iba a su tienda para tomar lecciones. Cuando le dije quién era, es decir, el embajador del Vaticano, dejó de lado la gramática y comenzó a hablar de religión. Nuestras discusiones diarias eran largas y animadas, pero ninguno era capaz de convencer al otro. Aunque estábamos firmemente en nuestras posiciones, a través del diálogo, animado a veces, pero siempre respetuoso, nuestra amistad creció, tanto es así que todos los días me pedía que me quedara a comer con él en su tienda.

Un viernes, como de costumbre, él fue a la mezquita. Cuando regresó, durante una de nuestras sesiones, que ya no eran lecciones de árabe, sino de “diálogo interreligioso”, le pregunté lo que había dicho el imán, para ver si había hablado en contra de los cristianos (como me decían que muchos hacían en Egipto). Me quedé sorprendido cuando me dijo que el imán había contado una historia del profeta, Mahoma, que relato así como la recuerdo. Un día Mahoma había visto pasar a un hombre y comentó con sus discípulos que ese hombre iría al cielo. Un joven, intrigado por esa declaración, quería ver lo que hacía para merecer semejante elogio del profeta. Con la excusa de que se había peleado con su padre, el joven le preguntó si podía ser alojado en su casa por unos días. Querría así ver cómo rezaba, cómo se comportaba, qué comía, qué prácticas religiosas hacía, etc. Después de tres días se da cuenta de que este hombre, aunque era considerado santo, no hacía nada extraordinario, nada que no hiciera cualquier buen musulmán. Entonces le preguntó: “El Profeta dice que vas a ir al cielo, ¿cuál es tu secreto?”. Y el hombre contestó: “¡Nunca voy a descansar la noche sin estar en paz con todo el mundo!”.

No sé si recuerdo bien la historia, pero el significado era, sin duda, esto: para estar seguro de ir al cielo uno tiene que estar en paz con todo el mundo.

Inmediatamente me vino a la mente lo que Jesús dice acerca de esto cuando pidió a sus discípulos reconciliarse con todos, perdonar hasta 70 veces 7, es decir siempre; cuando pidió que hiciéramos las paces antes de rezar y adorar: “Por eso, si tú estás para presentar tu ofrenda en el altar, y te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí mismo tu ofrenda ante el altar, y vete antes a hacer las paces con tu hermano; después vuelve y presenta tu ofrenda” (Mt 5, 23-24). Pensé en su mandamiento, el mandamiento nuevo: “Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros. En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros” (Jn 13, 34-35). Y, lo más importante, pensé a la revolucionaria afirmación: “Pero yo les digo a ustedes que me escuchan: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian. Bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los difaman. Al que te pegue en una mejilla, preséntale también la otra; al que te quite el manto, no le niegues la túnica. Dale a todo el que te pida, y al que tome lo tuyo no se lo reclames. Hagan por los demás lo que quieren que los hombres hagan por ustedes. Si aman a aquellos que los aman, ¿qué mérito tienen? Porque hasta los pecadores aman a aquellos que los aman. Si hacen el bien a aquellos que se lo hacen a ustedes, ¿qué mérito tienen? Eso lo hacen también los pecadores” (Lc 6, 27-33).

Dice el Papa Francisco en el mensaje por la paz de este año: “Precisamente, el evangelio del amad a vuestros enemigos (cf. Lc 6, 27) es considerado como ‘la Carta Magna de la no violencia cristiana’, que no se debe entender como un ‘rendirse ante el mal’ […], sino en responder al mal con el bien (cf. Rm 12, 17-21), rompiendo de este modo la cadena de la injusticia”.

La paz es el alma de la religión. En la medida en que estamos unidos a Dios, de hecho, nos sentimos más como hermanos entre nosotros, porque somos hijos de un mismo Padre. La paz no es el resultado de un acuerdo, es más bien una actitud del corazón, de la mente, de la voluntad.

Oremos para que la “no violencia activa” se convierta realmente en el estilo de una política para la paz. Oremos para que, al igual que Dios, que es misericordia, aprendamos a responder al mal inmediatamente con una venganza de amor, es esta la “no violencia activa”.



NUESTRA SEÑORA DE REGLA, SU CULTO EN CUBA

Roberto Méndez Martínez

El pasado 24 de febrero la parroquia Nuestra Señora de Regla, en el poblado portuario del mismo nombre celebró el aniversario 61 de la coronación canónica de la imagen tutelar. La ceremonia, presidida por Monseñor Juan García, arzobispo de La Habana, rememoró también el trigésimo aniversario de la bendición de ese templo y su altar principal por Monseñor Jaime Ortega y tampoco se olvidó de que hace dos siglos el Venerable Padre Félix Varela viajó hasta el pequeño poblado para predicar el 7 de septiembre en la festividad patronal.

Comunicar esperanza y confianza en nuestros tiempos

Papa Francisco

Me gustaría con este mensaje llegar y animar a todos los que, tanto en el ámbito profesional como en el de las relaciones personales, “muelen” cada día mucha información para ofrecer un pan tierno y bueno a los que se alimentan de los frutos de su comunicación.

Santa Catalina de Siena, la diplomática de Dios

Juan Manuel Galaviz,SSP

Mujer de hierro, sin pelos en la lengua, santa Catalina de Siena (1347-1380) fue una mística extraordinaria y una incansable reconciliadora en un mundo de enfrentamientos y rencillas, de divisiones también dentro de la Iglesia.

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