Dialogar, dialogar

Por Alfredo Guevara


Durante los últimos años de su vida, Alfredo Guevara (Premio Nacional de Cine) realizó diversos encuentros con jóvenes intelectuales, artistas, profesores y estudiantes de diversas especialidades universitarias. Como resultado de estos intercambios se compiló el texto Dialogar, dialogar (Escuchar, enseñar, afirmar, aprender). De una de esas intervenciones, a propósito de las respuestas a varias de las preguntas suscitadas en debate, traemos en muy apretada síntesis algunos fragmentos de los criterios enunciados por el prestigioso intelectual cubano. Más que al asentimiento, más que la adhesión acrítica al bando de “amansados aplaudidores”, como decía el propio Alfredo, esperamos que estas páginas inviten al debate, a la lectura, al diálogo.


[…]
He dicho más de una vez que jamás seré yo quien recomiende contenerse, me resulta muy cómodo porque me he pasado la vida enfrentando todo lo humano y lo divino, no me he callado nunca, pero tengo una situación privilegiada porque estoy desde el primer día en el combate y entonces es muy difícil golpearme a fondo […] No vayas a creer que no he sido golpeado, he sido golpeado pero no hasta el knock out; entonces, te recomiendo: “cojines y más cojines”, hay que jugársela.
Ahora, si eres un estudiante y estás pensando en el intelectual, en la crítica y el compromiso, hay que jugársela desde la inteligencia y no desde la torpeza, hay que saber jugársela. No hay que jugársela para ser derrotado. Esto es como el ajedrez, tienes que saber cuándo y cómo están tu jugada y tu participación.

[…] Hay que estar muy inmerso, profundamente inmerso en la sociedad, en el curso de la historia, en la lucha política del momento para librar la batalla por el derecho a la crítica –que es un derecho– para ejercerla para la eficacia. Si la crítica la ejercieras […] solo para darte gusto o para destacarte, es una tontera y no merece respeto. Pero si la crítica la haces desde el corazón de la sociedad, para mejorarla, nadie te va a poder golpear.

Cuando hablo de la desaparición progresiva del aparato burocrático estatal, no va a pasar en un día, pero mientras más luchemos más rápido ocurrirá. Tiene que desaparecer también el aparato burocrático partidario. Lo mismo ocurre con la Juventud, cada vez que llamo por teléfono a determinados cuadros están en una reunión, no importa la hora del día que sea. ¿A qué hora piensan?, ¿a qué hora estudian?, ¿a qué hora hacen contacto con otros jóvenes? Esto ocurre en todos los “aparatos”, no es que haya que librar una lucha contra el reunionismo, es que hay que realizar una luchar por la interrelación con la vida real. Resulta que hay dirigentes que no saben las cosas que pasan en la calle entre los jóvenes, se enteran en las reuniones, ¿qué es eso?
[…]

Se han ido creando condiciones, como potencialidad, para que se desarrolle la condición de ciudadano, pero para ello es necesario resolver todos estos problemas que estamos planteando y que el proyecto que encabeza Raúl llegue a triunfar de verdad.
Nadie puede levantar la mano, declararse libre de pecado, decir que no ha participado en ninguna acción ilegal. Robar es otra cosa, pero sucede que todo es ilegal. Si todo es ilegal ¿cómo sobrevive alguien?
[…]
¿Quién tiene las manos limpias, quién no aprovechó el mercado informal, quién no aprovechó la bolsa negra, quién no participó de ella? No hacerlo es imposible porque, como hemos estado diciendo, incluso con salarios elevados no alcanza ni para vivir una semana.
No estamos en condiciones aún de crear el ciudadano, pero somos un país con una instrucción elevada –nótese que digo instrucción, no cultura–. Hacen falta la cultura y el refinamiento de la cultura. Hemos recorrido un largo camino y un salto en ese camino, si es que lo damos realmente, y yo tengo la esperanza de que sí, nos puede llevar al momento de fundar al ciudadano. Eso es lo que he tratado de decir aunque tal vez no fui lo suficientemente claro. No es que crea que ya estamos ante el ciudadano, estamos ante una crisis, si superamos la crisis, y tal vez la superemos, entonces es que se dará eso que hasta ahora es como un sueño.
[…]
Sin cultura real, nosotros no restableceremos los valores y todos esos discursos sobre valores se quedarán nada más que en eso, discursos.

Tomado de “Todas mis esperanzas están en la desestatización y la desburocratización de la sociedad cubana” (Facultad de Química, Universidad de La Habana, 30 de marzo de 2011), en Dialogar, dialogar (Escuchar, enseñar, afirmar, aprender), Ediciones Nuevo Cine Latinoamericano, 2013.

Del amor, el bloqueo y el final feliz

Antonio López Sánchez

Hay dos o tres, allá, que tendrían que buscar algún nuevo sonsonete para recabar votos y cabildear en la política y los negocios derivados de la causa contra el comunismo en Cuba. Hay dos o tres, aquí, que no tendrían temas ni noticias que analizar, ni habitual totí culpable al que endilgar sus propias ineficiencias y resultantes prebendas. Todos esos tendrían que aprender a subsistir haciendo algo nuevo y diferente que hablar mal del “enemigo”.

Comer es crecer

Jorge Fernández Era

Fíjate que acabábamos de desembarcar en aquel lugar y Yanitface me halaba ya el brazo derecho enseñándome lo bien que se veían los contramuslos asándose a la parrilla, mientras Yanotmail me desencajaba el izquierdo clamando por los lomos ahumados, que más que ahumados parecían tiznados de tanta humareda apestosa que subía por entre las pencas de guano.

Desde que Dios hizo el mundo

Mayda Royero

"Desde que Dios hizo el mundo”, respondía sonriendo José el Gallego cada vez que le preguntaban cuándo había llegado a Cuba o desde cuándo afinaba pianos y echaba las barajas. Quién sabe si afinaba los pianos captando el sonido inspirador del universo, de igual modo que las barajas le hacían ver caminos invisibles a través de signos solo descifrables por los intermediarios entre el más allá y el más acá.

SUSCRIBETE A NUESTRO BOLETIN
TE SUGERIMOS...
LENTE CURIOSO