En Río seguimos bajando

Por Nelson de la Rosa Rodríguez


Los Juegos Olímpicos de Río Janeiro 2016 ya son historia y Cuba logró ubicarse entre los primeros veinte países en la Tabla General de Medallas, pero la insatisfacción sigue imperando entre los aficionados.

Cinco medallas de oro, dos de plata y cuatro de bronce fue el saldo de nuestra delegación, el cual se queda por debajo de lo alcanzado en Londres 2012 cuando cinco títulos, tres subtítulos y seis metales bronceados le dieron un total de catorce preseas.

En la cita londinense, Cuba repartió sus medallas en ocho disciplinas: boxeo (2-0-2), judo (1-2-0), tiro deportivo (1-0-0), lucha grecorromana (1-0-0), atletismo (0-1-1), levantamiento de pesas (0-0-1), taekwondo (0-0-1) y lucha libre (0-0-1). Mientras que ahora, la distribución fue en cuatro: boxeo (3-0-3), lucha greco (2-1-0), judo (0-1-0) y atletismo (0-0-1); otra muestra del retroceso.

Para que se tenga una idea, la cifra de medallas de Cuba (once) solo supera, de 1959 a la fecha, a Tokio 1964 (uno), México 1968 (cuatro) y Múnich 1972 (ocho). En las restantes Olimpiadas nuestro país logró más medallas que ahora: Montreal 1976 (trece), Moscú 1980 (veinte), Barcelona 1992 (treinta y uno), Atlanta 1996 (veinticinco), Sídney 2000 (veintinueve), Atenas 2004 (veintisiete), Beijing 2008 (veinticuatro) y Londres 2012 (catorce).

Nuevamente los deportes de combate rindieron la mejor faena, pues el boxeo regaló los títulos de Julio César La Cruz, Arlen López y Robeisy Ramírez, así como las medallas de bronce de Erislandy Savón, Joahnys Argilagos y Lázaro Álvarez, mientras la lucha greco aportó los oros de Ismael Borrero y Mijaín López (su tercero histórico) y la plata de Yasmani Lugo; en tanto el judo solo pudo “ayudar” con el subtítulo de Idalys Ortiz. La otra presea fue a la cuenta del atletismo por intermedio de la discóbola Denia Caballero.

Como es habitual, Cuba llevó una delegación que superó el centenar de atletas (124) y compitió en atletismo, boxeo, lucha libre (ambos sexos) y greco, taekwondo, remos, canotaje, pentatlón moderno, natación, voleibol de sala (H), voleibol de playa, bádminton, ciclismo, tiro deportivo, tiro con arco, esgrima, gimnasia artística, judo y levantamiento de pesas. Quiere decir eso que la mayoría de las modalidades se quedaron sin preseas y en muchos casos sin llegar a estar en los primeros ocho por evento.

Es verdad que en la competencia aparecen lesiones, que hay decisiones arbitrales cuestionables y que hasta se puede tener un mal día. Pero así ha sido siempre, incluso en las citas donde se alcanzaron los mejores resultados.

No podemos hablar entonces de efectividad. Es cierto que a los Juegos Olímpicos tienen el derecho de asistir todos aquellos que alcancen la clasificación, ya sea por marcas mínimas o en torneos preliminares, pero creo que económicamente no estamos en condiciones de asumir delegaciones de más de cien atletas, de los cuales una gran cantidad resultaron eliminados en su primera salida.

No creo acertado tampoco llevar a atletas que por lesiones u otras causas apenas pudieron competir en el año. En unos Juegos Olímpicos los “golpes de suerte” no son muy frecuentes y la improvisación no es buena consejera.

Estoy muy lejos de ser un especialista en economía, pero soy consciente de que la preparación olímpica de un atleta en todo el ciclo es sumamente cara. Es necesario alimentar al atleta, darle condiciones de vida dignas, vestirlo adecuadamente y asegurar un ciclo preparatorio marcado por competencias internacionales donde se mida a los que más tarde serán sus rivales en la cita estival.

Somos conscientes de nuestras potencialidades y a priori se conocían quiénes serían si no medallistas, al menos aspirantes de fuerza… y también, los que estarían en Río solo para hacer acto de presencia. Si es así, entonces, ¿por qué no ajustar los recursos necesarios y priorizar a aquellos con más opciones?

No estoy apostando solo por los medallistas. Creo que hubo actuaciones cubanas muy dignas, aun sin estar en el podio y eso también vale. Tanto es así que el Comité Olímpico Internacional premia con un Diploma Olímpico a aquellos que llegan a estar en las plazas del cuarto al octavo.

Otro aspecto que debe tenerse en cuenta es la preparación y el momento en que llegan nuestros atletas a la justa fundamental del año. En el atletismo, por solo poner un ejemplo, la situación ya se torna acostumbrada. Pareciera que los criollos logran “su pico”, su mejor forma, en el momento de hacer la marca mínima y luego “a la hora de la verdad”, ni se acercan a ella. Eso no está bien y nos cuesta.

Esta vez fueron cuarenta y tres los representantes del campo y la pista. Gracias a la señal televisiva podíamos apreciar cada vez que se imponía una marca olímpica, pero también cuando ocurría un récord nacional, una mejor marca personal o de la temporada. En nuestro caso solo ocho pudieron igualar o mejorar sus registros.

La actuación de Cuba ciertamente quedó por debajo de lo esperado, pero ¿esperado por quién? La afición hace su pronóstico luego de ver competencias, pero sobre todo después de escuchar a dirigentes y entrenadores. Creo que hay que ser más cautelosos a la hora de “soltar campanas al vuelo”. Unos Juegos Olímpicos no son los Juegos Panamericanos ni los Centroamericanos, tampoco es una Copa del Mundo ni una lid por invitación con limitada presencia de estrellas. A la Olimpiada asisten los mejores atletas del mundo y en la mayoría de los casos en su mejor forma deportiva, y para lograr eso muchas veces tuvieron que asumir otras lides como parte de la preparación independientemente del resultado esa vez. No tener eso en cuenta nos hace adquirir y alentar a otros con la consiguiente decepción un poco más tarde.

No creo que tengamos ahora mismo una estructura que nos permita tener más de diez campeones olímpicos en una misma cita. La labor de Barcelona 92 quedará en la historia como una de las hazañas más grandes del deporte cubano y no veo en el horizonte la más mínima esperanza no de superarla, ni siquiera de igualarla.

Hay que asumir que se impone un nuevo análisis en los sistemas de entrenamiento, en la mejor utilización de la ciencia y la técnica, en el aseguramiento material, en la superación de nuestros entrenadores y en la distribución de los recursos sin renunciar a nuevas fórmulas.

El otro aspecto digno de análisis es la cantidad de atletas cubanos que compitieron en Río de Janeiro bajo otra bandera. Según la información que pude acopiar, en total fueron quince, distribuidos en ocho naciones. En ese grupo hubo seis que escalaron el podio y siete las preseas obtenidas.

Uno de los más sobresalientes fue el gimnasta Danell Leyva, quien representando a Estados Unidos fue subtitular en la barra fija y en las paralelas. En su caso, es el único que no fue formado como atleta en Cuba, pues aunque nació en Matanzas hace veinticuatro años, se hizo deportista en el estado de la Florida, eso sí, bajo la mirada de su mamá María González, exgimnasta, y su padrastro Yin Álvarez, quien se formó como entrenador en Cuba.

Llamativo fue el caso del artemiseño Orlando Ortega, subcampeón de los 110 metros con vallas representando a España. Ortega vive en ese país desde el 2013 y estuvo a punto de no poder competir en Río. La Federación Cubana de Atletismo intentó vetar su presencia en la justa alegando que no había cumplido aún los tres años como ciudadano español, lo que provocó más tarde un permiso del Comité Olímpico Internacional (COI), cuyo reglamento lo amparaba, pues para esa entidad solo es necesario haber cumplido tres años desde la última vez que representó al país de origen, período que se cumplió apenas dos días antes de su participación en la ronda eliminatoria.

Medallista de plata también fue el boxeador capitalino Lorenzo Sotomayor de los 64 kilogramos, quien representó a Azerbaiyán y para guinda del pastel entrenado por el también cubano Pedro Piter Roque. En su camino tuvo que derrotar al también cubano Yasniel Toledo y luego de colgarse la medalla de plata respondió en azerí algunas preguntas, una de ellas relacionada con cómo sería su vida si hubiera permanecido en Cuba: “Estaría en las calles luchando para ganarme la vida y alimentar a mis dos pequeños hijos”, dijo.

Al anunciar los competidores en los 400 metros con vallas, el nombre de Yasmani Copello parecía de cualquier otro país, menos de Turquía. Sin embargo, el habanero de veintinueve años, después de vivir un tiempo en España, firmó contrato con el club turco Fenerbahçe de Estambul para competir en lides europeas. El propio atleta dijo recientemente a la agencia AFP: “No pensaba que iba a terminar siendo turco. Vieron mi potencial y me dijeron que les interesaba, que su país necesitaba una persona fuerte como yo y aquí estoy”.

Copello alcanzó la medalla de bronce y sus primeros pensamientos fueron para su madre: “Creo que mi madre estará llorando. Soy el hijo menor y estoy haciendo sus sueños realidad. Ella debe estar llorando mucho”.

Más conocido es el santiaguero Osmany Juanto-rena, quien cuando fijó residencia en Rusia y más tarde en Italia, era de las figuras más talentosas del voleibol cubano. Ahora con treinta y un años fue clave en la medalla de plata de los “bambinos” en la cita olímpica.
Juantorena ha sido un “correcaminos”, pues, incluso, internacionalmente representó a Qatar en el 2010 y en el 2013 fue uno de los jugadores más sobresalientes de la Liga Profesional de Turquía.

El otro cubano medallista en Río con otro país fue el luchador Frank Chamizo, quien a sus veinticuatro años le reportó una presea de bronce a Italia. Chamizo representó a la selección nacional de Cuba en el Campeonato Mundial de 2010 donde también obtuvo el tercer lugar. Seguidamente, se nacionalizó italiano y ya este año 2016 se había titulado campeón mundial y subcampeón de los Juegos Europeos.

España tuvo otros representantes cubanos, pues además de Orlando Ortega inscribió a Yidiel Contreras (sexto en las semifinales de 110 metros con vallas) y los discóbolos Frank Casañas (vigésimo quinto lugar) y Lois Maikel Martínez (vigésimo séptimo lugar).

Representando a Italia estuvieron también Libania Grenot (octavo lugar en la final de 400 m planos), Yadisleidy Pedroso (quinto lugar en semifinales de 400 c/v) y Yusneysi Santiusti (séptima en la semifinal de los 800 metros). Por su parte México participó con el pesista Bredni Roque (quinto en los 69 kg) y la pimponista Yadira Silva (eliminada en la primera ronda de individuales). Con Qatar estuvo el balonmanista Rafael da Costa, mientras que con Honduras participó el judoca de 100 kg Ramón Pileta (eliminado en la primera ronda) y con Canadá el luchador del estilo libre Haislan García (eliminado en un cuarto de final de los 65 kilos). Por último, el triplista Yordanis Durañona y el pesista Julio César Acosta, representaron a Dominica y Chile, respectivamente.

Esos atletas, y otros que pueden sumarse, son una llamada de atención. Si no hacemos las cosas bien, si no los atendemos como es debido, la lista pudiera ser aún mayor. Ahora bien, muchos de ellos no son lo que el Estado llama “desertores”. Avalados por las Leyes Migratorias fijaron residencia en otros países, han formado una familia y con cierta regularidad visitan la Isla.

Si en el mundo del arte se ha logrado una apertura que permite a los que están afuera venir, grabar y hacer presentaciones en Cuba, ¿por qué no hacer lo mismo en el deporte? Creo que todos seríamos ganadores.

Solo pongo un ejemplo. Bajo otra bandera el atletismo cubano estuvo presente con nueve atletas y obtuvo una medalla de plata y otra de bronce. Nuestra delegación, formada por cuarenta y tres miembros, solo aportó una presea de bronce. Por cierto, valiente el gesto del maratonista cubano Richer Pérez, quien recorrió los metros finales mostrando una tela con la inscripción “I love Jesús”.

Con el aporte de los que compitieron por otras naciones, Cuba hubiera mejorado un lugar en la Tabla de Medallas y si ellos hubieran lidiado como “nación independiente” aparecerían en el lugar sesenta y serían el primero entre aquellos países que no alcanzaron al menos una medalla de oro.

Los Juegos de Río de Janeiro 2016, los de Michael Phelps y Usain Bolt ya son historia. Pronto vendrán otros retos para el deporte cubano. A la vuelta de la esquina están los Juegos Centroamericanos y del Caribe y un poco más tarde los Panamericanos. En nuestra zona geográfica más cercana aún somos monarcas, pero México, Colombia y Venezuela cada vez dan más batalla, mientras que a nivel continental ya no solo nos supera Estados Unidos. Canadá, Brasil y Argentina son referentes a los cuales pudiéramos estarle “mirando las espaldas” desde la Tabla General de Medallas si no le damos al deporte la atención y el tratamiento que requieren las condiciones actuales.

  

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