Clausurado Año Jubilar Mariano a los pies de la Virgen de la Caridad

Por Vicente Ignacio Álvarez Morell


En horas de la mañana del sábado 24 de septiembre, festividad de Nuestra Señora de la Merced–patrona de los cautivos–, la Iglesia católica clausuró el Año Jubilar Mariano por los cien años de la declaración de la Virgen de la Caridad del Cobre como patrona de Cuba, en su basílica y santuario nacional del Cobre.

La celebración eucarística, presidida por Mons. Dionisio G. García, arzobispo de Santiago de Cuba, contó además con la presencia de Mons. Juan de Dios Hernández, obispo auxiliar de La Habana; Mons. Emilio Aranguren, obispo de Holguín y Mons. Wilfredo Pino, obispo de Guantánamo, junto a otros sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas.

Al inicio de la misa, las diferentes Comisiones Nacionales, reunidas en El Cobre para la ocasión en Asamblea de Coordinación Pastoral, ofrecieron, “a los pies de la Madre de los cubanos” signos representativos de su trabajo pastoral.

El ofrecimiento fue encabezado por la bandera cubana diseñada por el general Jesús Rabí –conocido también como el General de los Humildes– y confeccionada por sus hijas, en la que destaca la imagen de la Virgen de la Caridad pintada sobre el triángulo rojo.

En esta ocasión, la basílica acogió a los peregrinos que llegaron de las diferentes comunidades cristianas para festejar con la Madre el deseo que años atrás motivó a los veteranos de la Guerra de Independencia  a pedir al Papa Benedicto XV que fuera declarada la Virgen de la Caridad como patrona de Cuba.

En la homilía, que giró en torno al amor misericordioso de Dios–, Mons. Dionisio hizo memoria del motivo central de la convocatoria y evocó detalles de aquel momento recogidos en la historia. “Los mambises –dijo–, viniendo en una gran caballería desde Santiago de Cuba por el camino viejo de El Cobre, solicitaron en carta al Papa que declarara a la Virgen de la Caridad patrona de Cuba. De hecho, el pueblo de Cuba la tenía como madre y patrona. Era el deseo de la Iglesia universal que se unía al del pueblo de Cuba para tener a la Virgen María, la Madre de Jesús, bajo el nombre de La Caridad como patrona de la Isla”. Asimismo, expresó: “El pueblo de Dios ha sentido en su propia carne, en su corazón, que Dios está cerca de él a través de la Madre, de su Hijo, a través de la Madre de Jesús. Ella nos lo presenta en sus brazos como diciendo: ‘aquí está mi Hijo, este es mi Hijo, este es el Salvador del mundo, yo solamente soy la escogida de Dios para ser la Madre de ese Salvador del mundo’”.

Comentó además que“el pueblo de Dios siempre siente esa misericordia, esa bondad y acogida de Dios. ¿Alguien quiere las pruebas?, la historia lo dice. Si alguien quiere buscar más en la historia, que investigue porque no hay un bache en la historia en que no encuentre que siempre la Virgen de la Caridad fue querida y venerada por los cubanos desde hace cuatrocientos años”.

Casi al concluir la homilía, Mons. Dionisio hizo una analogía con el título de la virgen cubana al expresar: “En la Virgen nosotros encontramos a Dios, en la Virgen nosotros encontramos la misericordia y el amor de Dios, por eso es que al principio a la Virgen se le llamaba de la Caridad, el Amor y los Remedios, por eso a la Virgen María le llamamos Madre de Misericordia”.

Para finalizar, recordó el pedido de oración que en el Decreto de apertura del Año Jubilar realizara el Papa Francisco a los cubanos: “Cuando vayan al Santuario o estén delante de una imagen de la Virgen María, recen por estas tres cosas: para que el pueblo cubano no pierda su vocación cristiana, para que no abandone a Dios; […] que oren por las vocaciones sacerdotales y religiosas […]; y oren mucho por las familias”.

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Yarelis Rico Hernández

Los primeros meses en La Habana no han cambiado el estilo de trabajo por el que aún es apreciado en Camagüey, de donde era arzobispo hasta el momento de su nombramiento como pastor de la Iglesia habanera. Monseñor Juan sigue siendo un misionero: el mismo obispo acostumbrado a ir por todas las comunidades católicas.

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Juan Manuel Galaviz,SSP

En la reja de ingreso al campo de concentración de Auschwitz, los nazis hicieron poner estas palabras: “Arbeit macht frei” (“El trabajo hace libre”). Nada más irónico y cruel que ese letrero. Los trabajos forzados y los suplicios que se aplicaban en esa prisión masiva estaban por encima de lo imaginable.

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