En el Maine también había peloteros

Por Nelson de la Rosa Rodríguez



Primero fue una foto que me mostró un asiduo lector de esta revista y más tarde el artículo “Los peloteros del Maine”, del doctor en Ciencias Históricas Félix Julio Alfonso, lo cierto es que en el buque Maine que explotó en la Bahía de La Habana la noche del 15 de febrero de 1898, venía un equipo de béisbol, y esto me motivó a investigar más sobre el tema, aunque me alejara en esta ocasión de los motivos tradicionales en la sección deportiva, marcada muchas veces por la inmediatez y la polémica.

Es bueno aclarar que los peloteros en cuestión no formaban parte de un equipo insertado en la travesía como tal, sino como militares, miembros de la tripulación que, además, jugaban al béisbol y, según consta, lo hacían muy bien.

Se sabe que en diciembre de 1897 se desarrolló en la zona de Cayo Hueso un campeonato naval de béisbol con equipos de la Marina estadounidense. La justa fue ganada por el equipo de Maine, que derrotó en la final al USS Marblehead con abultado marcador de 18 carreras por 3.

La gran estrella del Maine era el lanzador negro William Lambert, natural de Virginia. Dicen los que lo vieron lanzar que entre sus atributos estaba la velocidad, el control y una curva capaz de engañar a los bateadores rivales.

El line up regular estaba integrado por William H. Gorman, segunda base y natural de Boston; Landsman Charles Hauck, jardín central, de Brooklyn; Landsman William L. Hough, primera base, de Nueva York; el lanzador de Virginia, William Lambert; el receptor de Jersey City, Benjamín L. Marsden; el campo corto de Brooklyn, John Merz; el jardinero izquierdo de Maine, William H. Tinsman; el jardinero derecho John H. Bloomer y el tercera base, CH Newton.

Apenas tres meses después de alcanzar el campeonato, los marines del Maine recibieron la orden de viajar a Cuba y el equipo en pleno emprendió la travesía, excepto dos de sus integrantes, John H. Bloomer y… la cabra que fungía como mascota del equipo.

Luego la historia es conocida. El buque USS Maine, transporte de segunda clase de más de cien metros de eslora, veinte metros en su parte más ancha y con una tripulación de 364 hombres entre marinos y oficiales, explotó en la bahía de La Habana, poco antes de las diez de la noche del 15 de febrero de 1898. El “acorazado” se encontraba en aguas de nuestra bahía en “visita amistosa” desde el 25 de enero.

Quiero pensar, como el profesor Félix Julio Alfonso, que quizás los peloteros del Maine pudieron haber enfrentado a una novena cubana e, incluso, haber cambiado la historia. Sin embargo, no fueron ellos los únicos peloteros militares estadounidenses fallecidos en misiones. Algunos analistas han comprobado que la lista supera el número de 400. Se dice que también en Cuba, el 1ro. de agosto del propio año 1898, murió enfermo Leonard Weikart, un receptor que estuvo en Ligas

Menores y que es considerado, posiblemente, como el primer expelotero profesional en morir cumpliendo el Servicio Militar.
Sin embargo, uno de los años más fatales fue 1918. No olvidemos que en la Primera Guerra Mundial Estados Unidos reclutó para el Servicio Militar a 250 peloteros de Grandes Ligas. Así el 6 de abril, Newt Halliday, quien jugó primera con los Piratas de Pittsburgh, murió de tuberculosis mientras servía en la Marina en Great Lakes, estado de Illinois, mientras que el 24 de mayo, Ralph Sharman, jardinero de los entonces Atléticos de Filadelfia, se ahogó durante un entrenamiento cerca de Alabama. El 28 de mayo, cuatro días después de la muerte de Sharman, falleció en combate en Francia, el subteniente
Milt Drumm, quien sobresalió en Ligas Menores con los Forrester Nebraska City.

La historia recoge también que otros cuatro jugadores murieron durante septiembre del 1918: el lanzador Marcus Milligan, firmado por la organización de los Piratas de Pittsburgh y los receptores John Cooper, de los Chicago White Sox y los «ligaminoristas» Leroy Bruffun y Ed Moore.

Avanzando en el tiempo tenemos que el domingo 23 de mayo de 1943 chocaron dos aviones que se dirigían a Las Vegas. En las naves iban varios peloteros que tomarían parte en un juego de exhibición. Entre los que perdieron la vida se encontraban el soldado Hal Dobson, exlanzador en Ligas menores, el sargento William E. Thomas, semiprofesional de Pittsburg y su homólogo Arnold J., de Pennsylvania.

Mientras tanto, tras la rendición alemana en mayo de 1945, varios equipos militares de béisbol viajaron por varios países europeos para servir de esparcimiento a las tropas. Fue así que cerca de Bruselas, Bélgica, se produjo una verdadera tragedia cuando un camión del ejército chocó con un tren. En la parte posterior del camión viajaban los peloteros, varios murieron y otros resultaron heridos.

Ese mismo año, el 9 de agosto, los Falcons de Foster se enfrentaron a una división de Texas, en la base de Childress y se impusieron cómodamente. No obstante, el viaje de regreso lo hicieron en una avioneta bimotor AT-7C que se estrelló. En el accidente perdieron la vida los jugadores militares H. Duard Lawson, Harold G. Phillips, Chester V. Seipp y el cabo Lester O. Clotiaux. Suerte parecida corrieron los quince integrantes del equipo de Port Company, quienes el 16 de noviembre de 1946 fallecieron luego que la aeronave bimotor que los transportaba de Guam (donde ganaron un importante torneo) se precipitó al mar.

Como se aprecia, es larga la lista de peloteros estadounidenses que perdieron la vida cumpliendo responsabilidades militares, entre ellos, aquellos campeones navales que vinieron a La Habana en el acorazado Maine, en el ya lejano 1898.

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