¿Qué buscas? La templanza

Por San Pablo

Era frecuente que Pascual se irritara por cualquier cosa; algunas veces llegaba a ser violento y no era raro que abandonara una reunión arrojando las cosas. “Necesitas templar tu carácter”, le decía su mujer con la máxima suavidad que le era posible. Pero él se irritaba más y le respondía groseramente.
Ella tenía razón. Todos podemos templar nuestro carácter, adquirir autodominio y emplear moderación y equilibrio en las palabras, en los gestos y en las acciones.

La templanza es la virtud del autodominio y de la justa medida. Ella nos hace llevar las riendas de nuestros actos y emplear con moderación y para su justo fin las facultades y tendencias que tenemos. Todos disponemos de sentidos externos e internos; tenemos inclinaciones naturales y hay en nuestro interior pasiones que son fuerzas cuya canalización depende de nosotros. Algunos ejemplos pueden ilustrarnos.
¿Para qué nos dio el Creador el apetito? Para facilitar el instinto de alimentarnos, necesario para sobrevivir. Sin embargo, el que come en demasía, solo por el placer de hacerlo, ha perdido el control y se ha hecho esclavo de la gula.

El recíproco atractivo del hombre y la mujer, Dios lo concedió al género humano para que fuera posible la procreación. Pero el buscar desmedidamente la unión sexual solo por el placer de experimentarla, también es una esclavitud: constituye lujuria.

Dios puso en nosotros el instinto de conservación, por el cual protegemos nuestras vidas y nos defendemos de agresiones, pero si alguien viera en toda persona un agresor y usara violencia contra él, estaría mostrándose como un iracundo y un antisocial.

Un último ejemplo: Dios puso en todos los hombres la aspiración al progreso, pero el que se deja llevar por la ambición y la codicia, acaba por vivir únicamente para aumentar sus riquezas y nunca se conformará con un estilo de vida modesto.

Tres palabras podemos extraer de esta definición: moderación, dominio y equilibrio. Son los principales bienes con que se manifiesta la templanza, pero hay virtudes vinculadas con ella, como la continencia, la afabilidad, la clemencia, la modestia, el orden, entre otras.

Desde la más remota antigüedad, los educadores y filósofos más confiables le han dado un valor enorme a la templanza, como la virtud que nos hace dueños de nosotros mismos, capaces de someter nuestras pasiones al dictamen de la razón y valernos de los bienes para su justo fin y en la medida conveniente.

Lao-Tsé, filósofo chino del siglo vi antes de Cristo, enseñó: “Quien conoce a los demás es instruido; quien se conoce a sí mismo es sabio. Quien vence a los demás tiene fuerza física; quien se vence a sí mismo es fuerte”.
Salomón, en el Libro de la Sabiduría, menciona juntas las cuatro virtudes cardinales y asegura que son los valores más útiles que la persona puede tener en su vida: “¿Anhelas ser un hombre justo? El fruto de la acción de la Sabiduría son las virtudes, pues ella enseña la templanza y la prudencia, la justicia y la fortaleza, y en la tierra nada es más útil que esto para los hombres”.

San Agustín, gran conocedor de la condición humana, dice: “El hombre que ha adquirido la templanza, cuenta con una regla en las cosas de esta vida […], de tal modo que de nada es esclavo, nada desea por mera satisfacción, sino que todo lo emplea a su debido tiempo y siempre modestamente”.

Las cuatro virtudes cardinales son virtudes humanas y, en cuanto tales, pueden adquirirse y consolidarse con el esfuerzo personal y la práctica constante. Pero en una persona creyente, esas mismas virtudes pueden ser reforzadas y elevadas a un nivel superior, con el auxilio de Dios omnipotente y misericordioso.

Oración del Beato Santiago Alberone para pedir la templanza

Llegue a mí, oh Señor, el auxilio de tu misericordia, para que yo viva bien mi condición de hombre y de cristiano.
Haz que yo pueda vencer la ira y la fragilidad y practicar la verdadera mansedumbre.
Que yo pueda vencer la gula y practicar la mortificación.
Que yo pueda poner un freno a mi soberbia y practicar la humildad.
Que yo pueda vencer la ambición y practicar la modestia cristiana.
Que yo pueda vencer la vana curiosidad y amar santamente la auténtica ciencia.
Que yo pueda frenar mi lengua y el desorden en el obrar, y vivir siguiendo las orientaciones de mi director espiritual.
Así sea.


“Hagan a todos la caridad de la Verdad”.
Beato Santiago Alberione

NUESTRA SEÑORA DE REGLA, SU CULTO EN CUBA

Roberto Méndez Martínez

El pasado 24 de febrero la parroquia Nuestra Señora de Regla, en el poblado portuario del mismo nombre celebró el aniversario 61 de la coronación canónica de la imagen tutelar. La ceremonia, presidida por Monseñor Juan García, arzobispo de La Habana, rememoró también el trigésimo aniversario de la bendición de ese templo y su altar principal por Monseñor Jaime Ortega y tampoco se olvidó de que hace dos siglos el Venerable Padre Félix Varela viajó hasta el pequeño poblado para predicar el 7 de septiembre en la festividad patronal.

Comunicar esperanza y confianza en nuestros tiempos

Papa Francisco

Me gustaría con este mensaje llegar y animar a todos los que, tanto en el ámbito profesional como en el de las relaciones personales, “muelen” cada día mucha información para ofrecer un pan tierno y bueno a los que se alimentan de los frutos de su comunicación.

Santa Catalina de Siena, la diplomática de Dios

Juan Manuel Galaviz,SSP

Mujer de hierro, sin pelos en la lengua, santa Catalina de Siena (1347-1380) fue una mística extraordinaria y una incansable reconciliadora en un mundo de enfrentamientos y rencillas, de divisiones también dentro de la Iglesia.

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