El Papa que nos renovó la esperanza

Por Yarelis Rico Hernández / Fotos Iván Batista

  “Un discurso esperanzador”, así definía un católico las palabras que el Papa Francisco pronunciara a los jóvenes cubanos el pasado 20 de septiembre en las afueras del Centro Cultural Padre Félix Varela, antiguo Seminario San Carlos y San Ambrosio de La Habana. No faltó quien esperara y hasta exigiera del Sumo Pontífice un crítica abierta a sistemas políticos e ideologías que dificultan o impiden la realización libre de la persona humana, más concretamente del joven. No obstante, lo que dijo el primer Papa latinoamericano de la historia fue ropaje para cualquier cuerpo y alma.
El Sucesor de Pedro dialogó –y hasta se sentó para hacerlo– con Leonardo Manuel Fernández Otaño, quien por designio divino, casualidad, suerte o fortuna, se convirtió en la voz de tantos y tantos jóvenes que hubiesen querido hablarle al Vicario de Cristo. A él, a todos, Francisco recordó el valor de la esperanza, “la virtud del que está en camino y se dirige a alguna parte”, como definiera en el texto que inicialmente previó para la ocasión.
Pero las palabras de Leonardo y la alegría desbordante de quienes desafiaron la lluvia para escucharlo, llevaron al “suave anciano” a improvisar su discurso. Transcurridos algunos días del encuentro, Palabra Nueva conversó con Leonardo Fernández. El joven vuelve una y otra vez a revivir en los recuerdos aquel instante, aunque no logra precisar, con exactitud, lo que Francisco le dijo en la intimidad del abrazo que ambos se concedieron.

¿Fuiste realmente consciente de que serías la voz de los jóvenes cubanos, que tendrías la responsabilidad de decir muchas cosas en nombre de ellos?
“Ese sentido de responsabilidad me invadió desde el primer momento y me abrumó. Cuando lo supe me sorprendí mucho. No sabía qué decir. ¡Cuántos líos de los jóvenes cubanos, cuántas cosas las que debía y tenía que decir, pero prudentemente! Ser joven cubano, es para mí un regalo de Dios, un reto cotidiano al que nos enfrentamos en un país donde las realidades son complejas y los desafíos profundos. Creo que es todo un lío, como el Papa nos dice. Reflejar eso en cuartilla y media, decirlo en cinco minutos, fue un acto de reflexión y de discernimiento en cuanto a lo que tenía o no que estar escrito. Era, en pocas palabras, embarrarse con esa realidad y expresar al mundo lo que cada uno de nosotros vivimos de manera individual y lo que vivimos como generación, que es muy importante”.

¿Sentiste miedo, temor…? Hablabas de decir las cosas de manera prudente, ¿por qué? ¿Hubieras querido decir más de lo que dijiste?
“El temor es el sentimiento más humano que hay, quien no tiene miedo no tiene valentía, quien no tiene temor no tiene arrojo, y yo pienso que tuve un poco de temor, pero también tuve ganas de gritar y de decir ‘sí, somos jóvenes cubanos y vamos a seguir caminando aquí, aunque nos corten el paso’. Creo que ese fue el sentimiento que me caló hondo y me impulsó a decirme: ‘tú tienes que ser la voz de los jóvenes cubanos’. Tuve temor, pero un temor mínimo, un temor que es humano y que, como decía una amiga, fue fomentado por ese amor de Dios y ese vivir en la onda de Jesús de Nazareth, en el estilo de Jesús de Nazareth, que no se callaba”.

¿Cómo pensar un discurso inclusivo para que llegara a todos, católicos, ateos, comunistas, protestantes, sincréticos…?
“Para mí nunca ha sido un problema el tema de la inclusión. Jesús en su evangelio nos invita a ser una Iglesia inclusiva y convida al cristiano a ser dialogante. Dialogar es uno de los retos que tenemos como Iglesia, como cristianos. En lo personal, tengo amigos marxistas, amigos muy queridos, tengo grandes amigos que practican religiones afrocubanas, muy, muy queridos, nos llamamos todas las semanas. Tengo también amigos que son cristianos de otras denominaciones y amigos no creyentes. Como cristiano me sentí responsable, pero como cubano me sentí llamado a representar a los jóvenes cubanos, piensen como piensen y estén donde estén”.

Le pediste al Papa que renovara en los jóvenes la esperanza. ¿Consideras que lo jóvenes cubanos han perdido la esperanza?
“Mira, el Papa en el discurso que no leyó decía: ‘la esperanza es la virtud del que está en camino y se dirige a alguna parte’. Los jóvenes cubanos somos caminantes y esa esperanza puede debilitarse o puede fortalecerse, pero vamos a alguna parte, cada uno va a algún sitio que tiene destinado. Pienso que esa esperanza se fortalecerá, a pesar de todos los pesares y de todos los inconvenientes que existen. Creo, firmemente, que esa esperanza nadie nos la podrá matar, aunque sintamos que ante determinadas circunstancias se afloje o se debilite un poco”.

Expresó el Papa su temor por los jóvenes jubilados. Pertenezco a otra generación, anterior en el tiempo a la de ustedes, y veo, con angustia, que hay en Cuba muchos jóvenes jubilados…
“Sí, hay jóvenes jubilados. Incluso, dentro de los que están activos, hay muchos que se sienten jubilados o tentados a buscar la jubilación. Pero, ¿en qué sociedad no hay jóvenes jubilados? Aquí entra a jugar un papel muy importante la religión, también la ideología o cualquier otra forma de pronunciamiento ante la vida, pues renuevan la esperanza de vivir, el amor a la vida. Los jóvenes tenemos que ser capaces, como decía Alejo Carpentier en El reino de este mundo, de imponernos tareas, con T mayúscula. Tenemos que luchar, guapear, eso no podemos olvidarlo. No podemos ser jóvenes jubilados.
”El Papa fue muy coherente cuando dijo que debemos trazarnos metas. No nos podemos detener ni permitir que nadie nos detenga. Los jóvenes cubanos debemos tomarnos todos de las manos y caminar como generación, desde nuestras diferencias, desde todos los gustos culturales, desde todas las maneras de pensamiento, creyentes o no creyentes, que lo que nos una sea una esperanza generacional”.

La invitación a no encerrarnos en los conventillos de las ideologías o las religiones robó titulares. Como frase, ¿es tuya?
 “Fue una frase que surgió en una tertulia entre católicos, en la que también estaba el cardenal, y en la que hablábamos de la necesidad de dialogar con personas de otras ideologías, otras religiones. La palabra “conventillo” la identificamos como la estructura mental en la que nos encerramos. La Iglesia cubana, por tradición y por cierto matiz, vamos a llamarlo conservador, se ha cerrado muchas veces al diálogo. Los jóvenes católicos tendemos a cerrarnos al diálogo. Hay que hablar, hay que dialogar, no podemos permitir que la religión sea una estructura que nos impida hablar con el otro; no. La religión nos da herramientas, Jesús escuchaba a todos y nosotros tenemos que escuchar, tenemos que aprender a ser cercanos. A nuestra Iglesia le falta un largo tramo por recorrer en ese camino del encuentro”.

Pero esa barrera puede estar del otro lado, ¿no? De cierto modo, en Cuba está desde la ideología del poder, hasta la de otras denominaciones cristianas o prácticas religiosas. El Papa, cuando te responde, cuando le responde a los jóvenes cubanos, habla también a otras personas, gobiernos… no se queda solo en los católicos.
“Es real que en la sociedad cubana se ha perdido mucho el espíritu de la polémica, del debate. Pero en ese sentido también pienso que hay gente que tiene un posicionamiento ideológico o religioso y quiere reanimar ese espíritu de debate. Hay jóvenes que les gusta debatir. Yo estudio en la Universidad de La Habana, en la Facultad de Filosofía e Historia, en mi aula se forman debates muy buenos; también entre mis amigos filósofos se generan polémicas muy interesantes. Ese debate, que es un modo del diálogo, debe extenderse a la sociedad, desde el que tiene otra ideología, el marxista, el socialdemócrata, el religioso… Encerrarse en un conventillo es ver cómo yo pienso, pero no ver cómo piensa el otro, eso es nefasto para cualquier sociedad”.

Siguiendo la misma cuerda del Papa, quien les invitaba a soñar, a no dejar de soñar, a ser optimistas en el sueño, ¿cómo hacer para que los sueños sean todavía posibles en una sociedad en la que la alternativa de marcharse del país se convierte en habitual para el joven que busca mejor futuro?
“Mi padre es un hombre marxista y siempre me ha dicho algo: ‘en Cuba, comiéndonos todos un huevo, pero en Cuba’. Esa frase es lapidaria. El isleño, por una concepción antropológica es muy propenso a emigrar”.

También a salir y regresar…
“Pero lo que no puede pasarnos es que haya una emigración cultural, identitaria, y eso es lo que más preocupa a mi generación. Muchos se van de Cuba y confunden la cultura nacional con ciertos matices ideológicos; no. Ser cubano es mucho más, ser cubano es degustar de un buen plato de arroz y frijoles, o que te erices cuando escuches la Guantanamera, o veas bailar a Alicia, o que cuando oigas a Silvio se te ‘agüen’ los ojos…
”Me preguntabas de los sueños. Mucha gente me tilda de idealista, yo quisiera morirme siendo un idealista, creo profundamente que los sueños se hacen realidad. Un joven que no tiene sueños está destinado al fracaso. Está destinado a caer en dos grandes males de la sociedad cubana: en el nihilismo, en la apatía, en ¿para qué voy a decir algo si no voy a cambiar nada? No solo me refiero a cambios políticos, que son necesarios, sino a cambios más profundos: a cambios personales, a cambios para mejorar mi sociedad, para acompañar al que está a mi lado, para bucear en el corazón de las personas. Una monja amiga decía que no es necesario hacer actos de gran heroísmo, es mejor buscar una transformación de la sociedad cubana en el amor, en el entendimiento, en el diálogo, en no rechazar al otro.
”Pienso ahora en el matrimonio de mis padres, que ha sido muy bonito, mi experiencia de vida, pienso en el diálogo entre mi padre y yo cuando me decía: ‘tu abuela es una campeona, ha tenido dos infartos y todavía sigue caminando, sigue haciendo las cosas’. Yo le respondí: ‘porque tiene fe’. La sociedad cubana debe aprender a enriquecerse con lo que el otro me pueda aportar, no discriminar sino acoger, dialogar, respetar. A mi casa van las Religiosas del Sagrado Corazón de Jesús, que son mis grandes amigas, son divinas, mágicas, y hablan con mi padre de todo, y ese espíritu de diálogo debe recobrarse en la sociedad”.

Francisco les decía: hablen, dialoguen, que haya una cultura del encuentro, y decía más: “la enemistad destruye la familia, destruye la sociedad”.
“Él habla de la amistad social, un término que debemos cultivar como sociedad, debemos cultivar como generación. Que los jóvenes católicos no rechacemos a los que están en la calle G o que los que están en la calle G no nos vean como los santurrones. Que exista entendimiento, que haya puntos de encuentro desde lo que nos une y también desde lo que nos separa”.

¿Cómo vives tu fe hoy, ahora? Eres de Sancti Spíritus, pero estudias en La Habana, los dos primeros años de la carrera los cursaste en Cienfuegos, ¿cómo llevar tu fe en sitios distintos, comunidades diferentes sin desapegarte de tu placer por la misión dentro de la Iglesia?

“Soy un joven espirituano, a mucha honra. Vivo actualmente en un barrio popular, en Alamar. Vivo con el cura de esa comunidad. El padre Isidro, o solo Isidro como le gusta que le llamen, es un sacerdote obrero, un hombre genial, único, un maestro de la sencillez, un hombre al que admiro profundamente por su sentido preferencial por los pobres. Un cura que pudo retirarse y quedarse en España viviendo la dulce vida, pero optó por venir a Cuba y embarrarse con el pueblo cubano. No optó por establecerse en una parroquia concurrida, porque es abogado, prefirió estar en un barrio donde desde la fe se había trabajado muy poco. He pasado por momentos de crisis de fe y él me ha ayudado a ver otro rostro de la Iglesia con el que tal vez me siento más identificado: una Iglesia que se compadece de las personas, que deja a un lado los títulos y valora, vive el sentimiento de amor, de comprensión, de acercamiento…
”Todos los veranos, cuando voy a Sancti Spíritus a ver a mis padres, misiono con las Religiosas del Sagrado Corazón de Jesús. Nos vamos de campamento a lugares apartados, donde trabajamos con niños, adolescentes, familias que ante la negativa de instituciones de prestarnos algún local para jugar con los pequeños o desarrollar otras dinámicas de aprendizaje o solo compartir, ceden sus casas y ofrecen, como digo yo, lo que tienen y hasta lo que no tienen. Y lo dan desinteresadamente. Una chica de mi edad, veintitrés años, que tenía dos hijos pequeños, nos dio su casa para que los niños del pueblo dibujaran en el piso, embarraran; ella lo disfrutaba y agradecía a la vez. La Iglesia debe acompañar y sufrir con esos cristianos de fe sencilla sus realidades económicas, que son fuertes, pero a pesar de ello no pierden la alegría de vivir.
”Admiro profundamente a un grupo importante de jóvenes que trabaja con los jesuitas. Estos muchachos visitan enfermos, ancianos, se acercan a gente muy pobre, desarrollan encuentros con niños de barrios marginales. También muchas comunidades religiosas trabajan fuerte en sus parroquias y lugares aledaños a ellas. Las Hijas de la Caridad y otras congregaciones femeninas tratan de combatir, no la marginalidad como fenómeno social, sino la marginalidad cultural que a veces castiga a las personas a vivir bajo ciertos esquemas de vida que les impiden pensar y desarrollarse humanamente y espiritualmente”.

Sabes que el 20 de septiembre de 2015 será, para siempre, un día histórico para Cuba, la Iglesia y también para ti. Es una responsabilidad que tendrás que aprender a llevar sobre tu espalda.
“Alguien decía que era una cruz, y creo que es una cruz dulce. Es mi historia de fe la que evolucionó. El Papa me regaló un rosario, yo no soy muy entregado al rosario, pero lo identifico como un símbolo de paciencia para conjugarlo entonces con algo que dijo santa Teresa de Jesús: ‘quien cree y espera, todo lo alcanza’. En ese momento alguien me preguntó: ‘¿estás tenso?’. Y le dije: ‘no estoy tenso, es como si estuviera al lado de mi padre’. No era la sensación de tener al lado al jefe del Estado Vaticano, era como tener junto a mí a un párroco más, a un cura ‘villero’, como le decían en Argentina, y eso no se me olvidará nunca. Creo que nunca olvidaré la tranquilidad en el rostro cansado del Papa y la fuerza que sacó para hablarle a los jóvenes; sonreír de la manera que lo hizo, esa imagen es imposible borrarla.
”Tampoco olvidaré el rostro de responsabilidad con que me miró, las palabras de ánimo que, como decimos los cubanos, me dio ‘Pancho’. Esa cercanía que emana del Papa Francisco, respetando los estilos de todos los pontífices que le precedieron, es única, tal vez porque por sus venas corre sangre jesuita y latina. Él llegó a Cuba para quedarse en el recuerdo de cada cubano y de cada joven cubano. El otro día, en el P-11, alguien citaba una frase cuando todos estábamos bien apretados: ‘caballeros, vamos a servir, como dijo el Papa’, y eso me llenó de emoción, porque me hizo pensar que Francisco caló en la vida diaria de cada persona. Y si importante es que los sectores intelectuales y del Gobierno lo oigan, es fundamental que las personas sencillas lo escuchen, lo vivan. El Papa vino a visitar al pueblo de Cuba, a visitar la rutina de Cuba y a hacer lo posible por renovar en nosotros la esperanza”.

Tras la visita del Papa Francisco

Orlando Márquez

La visita del Papa Francisco  ya es historia, sin embargo las claves para su comprensión no están solo en lo que es ya pasado. No diría que esta es mejor o superior a las otras, me parece una simplificación inapropiada cuando se habla del Sucesor de Pedro.

No a los discursos vacíos sobre la fe

Yarelis Rico

“Los jóvenes debemos salir a misionar”. Es este el reto más urgente que tiene la juventud católica cubana para Amalia Ramos Isivate, miembro de la pastoral juvenil habanera y estudiante de quinto año de la Licenciatura en Periodismo. No advierte otro empe

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